19/2/08

Piedra de toque-Clave de bóveda 2.

"A un hombre íntegro sumido en los mayores infortunios de la vida, siendo así que hubiera podido evitarlos colocándose al margen del deber, ¿acaso no le sostiene la consciencia de haber honrado a la humanidad en su propia persona y haber conservado su dignidad?. Este consuelo no supone felicidad, ni tan siquiera la más mínima parte de ella. Desde luego, nadie desea tener ocasión para ello, y alguna vez quizá tampoco desee una vida en tales circunstancias. Pero vive, y no puede soportar mostrarse ante sus propios ojos indigno de la vida. Sólo vive todavía por deber, puesto que no encuentra el menor gusto en la vida. La respetabilidad del deber no tiene nada que conseguir con el disfrute de la vida. Posee su propia ley, así como también su idiosincrásico tribunal y, por mucho que uno quiera mezclar ambas cosas para brindar esa mixtura como medicamento al alma enferma, pronto vienen a separarse de suyo. Y, de no hacerlo así, la primera queda totalmente inoperativa en esa mezcolanza; pues, aun cuando la vida física ganase cierta fuerza con ello, la vida moral se consumiría sin remedio" (I. Kant. Crítica de la razón práctica).

"Pero la "filosofía de la felicidad" es una cáscara vacía cuando la felicidad se ha separado de los contenidos metafísicos (destino del Hombre, universalidad teológica o cósmica) que le dieron origen. Y a esta confusión contribuyeron los abundantes libros, que arrojan sucesivamente al mercado las editoriales, titulados filosofía de la felicidad escritos generalmente por profesores de filosofía que meten en el mismo saco, con el objeto de llenar el cupo de páginas concedidas, a una exposición de Epicuro y a una de Aristóteles, a Santo Tomás y a Bertrand Russell, como si todos ellos fueran respuestas alternativas a una misma cuestión previa y exenta: la Idea de la Felicidad humana; cuando, es la tesis de este libro, no se trata tanto de discutir si la felicidad humana es o no es posible, si existe o no existe, si su contenido es éste o el otro, sino de discutir si "existe" la Idea misma de la felicidad. Es lo mismo que ocurre en los debates teológicos acerca de si Dios existe o si no existe...: no cabe discutir esto, si Dios existe o si Dios no existe, porque de lo que hay que discutir es si existe o no existe la Idea de Dios". (Gustavo Bueno Martínez. El mito de la felicidad)

2 comentarios:

Xacinto dijo...

Te ruego que desarrolles un comentario a partir de ambos textos.

A Día De Hoy dijo...

Estoy en ello, pero no tendrá las dimensiones ni las caracaterísticas apropiadas para este lugar. Gracias.