8/7/08

Metafísica hoy.

La moral externa o advenida al mundo de la vida, tal como viene siendo concebida, a modo de aparato de domesticación, normativa para sociedades homínidas, es el envés de una razón cerrada sobre sí misma. La moderna quiebra de razón y voluntad, inicialmente un quiasmo alcanza hoy su grado límite en la figura de una miríada de erráticos añicos de nada. Pero desde hace siglos y todavía hoy se escuchan voces por la restauración.

"La evidencia que se trata de fundamentar (recordemos) viene, a la postre, a fundamentar ella misma al fundamento. Y el recurso a la vía trascendental (en el que tanto hemos insistido) significa la enérgica apelación a las condiciones en que la conciencia tiene que subsistir, pese a que ella misma haya reconocido que no puede; ello nos pone en la pista de esa "moralización del conocimiento" que será compañera de la crítica cuanto ésta no quiere ser escéptica. Siempre habrá que postular algo para escapar al fantasma del genio maligno; fantasma que, por otra parte, nunca puede ser conjurado del todo. En este sentido, Descartes inaugura paradigmáticamente los desarrollos de esa filosofía moderna, cuyo dramático argumento Kant sintetizará, y que, tras él, irá mostrando cada vez con mayor claridad su progresiva inmersión en el mundo de la voluntad, en el mundo de la moral. El racionalismo moderno, en su última raíz, lleva en sí el germen del reconocimiento de que la razón necesita de cierta fe, y la fe de buenas obras. Negador de la religión, rendirá un último homenaje a lo que niega, dotándolo de otro contenido, pero conservándolo en la medida en que, después de todo, lo normal es seguir esperando alguna clase de "salvación" ". (Vidal Peña. 1977)

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