16/11/08

Nótulas. Sobre R. Koselleck (6). Ilustración

La República de las letras y la francmasonería son las formaciones sociales a cuyo través cursa la Crítica ilustrada. Ambos grupos comparten un mismo estilo - en su lenguaje y en su práctica - lo que manifiesta su idéntica índole de respuesta específica al sistema del absolutismo.
El cenit del absolutismo, que representa la figura de Luis XIV (1638/1715), es asimismo el período de ascenso de una nueva élite social, a la que el absolutismo no sólo no bloquea, sino que sirve de paradójica plataforma. Una parte de este potente grupo en ascenso procede de la vieja nobleza - ahora togada y desarmada - que reconstruye los fundamentos de su hegemonía. A este grupo pertenecen Saint- Simon, Boulainvilliers, pero también Montesquieu. Es, en cualquier caso, un grupo subordinado al emergente poder de comerciantes, banqueros, arrendatarios de tributos y hombres de negocios que constituyen el efectivo soporte económico del absolutismo y, por tanto, sus últimos acreedores. Harán valer el derecho del acreedor cuando la soberanía, que se les hurta, afecte de modo sensible a la sustancia misma de su poder social: el dinero.
Sucesivas bancarrotas y una conducta inmoral por parte del Estado - que no respeta los contratos - menguan el beneficio derivado de la especulación racional y del trabajo. El capital que el Estado adeuda a la société vale como capital moral acumulado en manos del deudor. "Casi todos los súbditos son acreedores del señor... que así resulta esclavo, como todo deudor", escribió Rivarol.
A la nobleza enemiga del absolutismo y a la burguesía financiera se unirán los cuatrocientos mil emigrantes que padecieran en 1685 los efectos de la derogación del edicto de Nantes, vigente desde 1598. Élite reformada que se instala en la Europa septentrional y nororiental desde donde resultarán notablemente activos. Ochenta mil emigran a Inglaterra donde figuran en las filas de los whig defendiendo con fervor la constitución parlamentaria. El Rainbow Coffee House, centro de la masonería londinense, ocupado por los emigrantes se constituye en centro emisor, a través de Holanda, del espíritu inglés por el continente.
Se suma a este Règne de la Critique la pléyade de philosophes militants y de funcionarios y magistrados de extracción burguesa. Un naciente funcionariado que se cifra en un cuarto de millón de almas. Funcionariado al servicio del Estado Absoluto que salvaguarda - seguimos a Tocqueville - por encima de la revolución, la continuidad del Estado y se constituye en el fundamental pilar burocrático de la burguesía moderna.
El nuevo estrato social que aglutina estas distintas procedencias recibe su cohesión de la negación a que les somete el Estado Absoluto. Si acuñan intelectual y espiritualmente el país, y surten económicamente al soberano, lo hacen desde los márgenes de la política. Desde este lugar políticamente marginal configuran una esfera de intereses moral - en cuanto que no política - o social - en cuanto que no estatal -.
Prospera en lugares públicos "apolíticos": bolsas de comercio, cafés, academias, salones, clubs, bibliotecas y sociedades literarias... lugares protegidos del Estado y por el Estado, desde donde crece la esfera de intereses sociales compartidos. Son el lugar, por ejemplo, en que se cultiva la nueva ciencia físico-matemática - frente a las universidades a la defensiva y herederas de la vieja teología política - y lugares donde la política sólo puede aparecer in obliquo, sin que carezcan de un indudable carácter político potencial. La respuesta política sólo aparecerá cuando la amenaza al monopolio legislativo del Estado resulte patente. El caso paradigmático es el del Club de l´Entresol (1720/1731): "Una especie de club a la inglesa o sociedad política perfectamente libre, compuesta de hombres que se complacían en razonar sobre lo que sucedía, que podían reunirse y dar su opinón sin temor de quedar en entredicho, puesto que se conocían todos y sabían con quién y ante quién hablaban", escribe D´Argenson, futuro ministro francés de exterior. Entre sus habitantes se cuenta el propio Montesquieu, Helvétius o el anciano abate Saint Pierre. Justamente este Charles Irénée Castel, abad de Saint Pierre, será de los primeros en atacar abiertamente, si bien para reformar, el Estado absolutista. Su Discurso sobre la polisinodia o pluralidad de los consejos de 1718 que quiso servir de orientación al regente para una reforma gubernamental y que le había costado la expulsión de la Academia francesa, buscó en L´Entresol un público más adecuado. La Sociedad se instituye en la forma de esta Academia privada y Saint Pierre hubiera querido elevar esta institución al grado de consejo de planificación política del país.
D´Argenson, más agudo, insta al silencio y la discreción más absolutos, aproximando la Academia a la Logia. El ensayo de convertir la sociedad en consejo estatal significará, en efecto, el cierre de la sociedad privada. El entresuelo no puede llegar a la plena luz y se envolverá en la sombra, en principio el Estado quiere contenerlo en el orden interior del que no debió salir, de hecho la sociedad no retorna a la conciencia privada, sino al secreto social o a la sociedad secreta, que encubre de modo ambivalente el envés político de la Ilustración.
Ha escrito Lessing:
"De acuerdo con su esencia, la francmasonería es tan antigua como la sociedad civil. Ambas no pudieron menos de surgir conjuntamente, si no es que la sociedad civil constituye sólo un retoño de la francmasonería"

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