7/7/09

Vacaciones

Las condiciones que configuran nuestro presente hacen casi imposible plantear la cuestión. Pero cabe, entre los raros, hallar quien no deja de presentarla. Me refiero a la cuestión por la índole de ese fenómeno recurrente en el curso vital de los sujetos de las poblaciones modernas: las vacaciones. Apenas podríamos llamar biografías a estos cursos vitales puesto que no resultan singulares, aunque tampoco pueden resultar de una ingeniería política y antropológica, que no sea meramente tentativa y arriesgada.
En fin, hablamos de ese fenómeno que consiste en liberar a la población laboral de su carga de trabajo, pero desde luego no de su lúdica carga de consumo. Muchedumbres de individuos cuyo horizonte vital, antes sostenido en alguna forma de esperanza se reduce ahora al radio de su propia biología, buscan una salida al horizonte intrascendente de sus días. Viven sin trabajar, como plenos consumidores, durante unas semanas. Éste es el trasunto secular de una vida feliz que, de suyo, no conoce un momento secular. La felicidad sólo puede ser eterna; pero la forma límite temporal de la eternidad - como se sabe desde antiguo - es el círculo, el anillo, la recurrencia. Vivir de vacaciones sería tanto como vivir entregado a la simple recurrencia: ¿y no sería esta la mejor vida?.
Entretanto paradójicamente nos dan quince días. Yo me los tomaré para regresar a este magnífico hueco electrónico a finales de mes.
Para cualquiera que se encuentre al otro lado sea mi saludo. ¿Hay alguien ahí?... pero, !ya estoy rechazando mis quince días¡... éstas no son preguntas para los que tomamos vacaciones.

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