3/9/09

Leyendo a Hermann Broch

La soledad es la cualidad característica del individuo, ese invento moderno. En los actualísimos idiomas la individualidad se identifica con la personalidad, da un poquito de asco cómo se utiliza "personal" como sinónimo de "individual". Si algo niega (dialécticamente) al individuo es la persona o, dicho de otro modo, una persona plena devendría un arquetipo singular (una forma universal, un tipo, una figura) carente de cualquier componente individual. Es una idea límite y nadie es persona perfecta, a ella se aproximan algunos finados egregios, y son precisas ambas condiciones: antonomasia y muerte. Los demás mortales nos abandonamos a nuestra individualidad en el triste espacio de nuestra intimidad. Espacio infeccioso como señala la afinidad semántica: "tomar", "tumor"..."intimidad".
La paradoja radica en que la persona crece en el fértil mantillo de la comunidad que lo trasciende y lo realiza y el mantillo - esto no puede olvidarse - resulta de la descomposición, fermentación y putrefacción de la materia orgánica superficial. No digamos más.
En este contexto se hace visible la relevancia de la construcción de tipos, arquetipos o caracteres - diríamos "personas" en un sentido que desborda su génesis trágica - al modo en que se han desarrollado desde Teofrasto a Canetti.

3 comentarios:

Xacinto dijo...

¿Qué lees de Broch? Yo leí 'La muerte de Virgilio', pero no me interesó demasiado. Quizá sólo el encuentro entre Virgilio y el emperador.

A Día De Hoy dijo...

Estoy leyendo "Esch o la anarquía". He buscado sin éxito un ensayo de Broch sobre Hugo von Hofmannsthal. ¿Lo conoces?, lo encarece Löwith, si no me equivoco, como análisis de la disolución moderna de la persona moral. Es cierto que "Esch" no me está entusiasmando, pero también es cierto que acabo de leer "La Celestina" y pasma, en pleno siglo XV, el infeccioso germen de ultramodernidad que encierra. No soporta la comparación... pero yo no he leído hasta que no he leído dos o tres veces, de modo que me reservo el juicio. Un abrazo

Xacinto dijo...

No conozco el texto sobre Hofmannsthal, pero si Löwith habla bien de él, sin duda valdrá la pena.
Sí conozco al propio Hofmannsthal y su pasión por Calderón. Intentó una especie de retorno a la intensidad Barroca; en lo que le he leído, no llega a conseguirlo. Pero sus libretos para Strauss son muy interesantes: sobre todo 'Ariadne auf Naxos', donde hace su propio desarrollo del concepto de dramaturgia y persona.