11/2/10

Para un programa de restauración de las cualidades sensibles.

"En relación con el mito creacionista judío, la cosmología aristotélica representa un antropomorfismo depurado, pero la misma visión primordial los sostiene: la magnificencia de los cielos y la deficiencia de la tierra, de la que derivó el mito de Adán. Para Aristóteles el bien es lo único verdaderamente real, aquello a lo que tiende todo y de lo que todo participa; el fin en sí mismo, el acabamiento o perfección, la forma. Todas las formas son "bien" y buenas. Por lo tanto, el alma humana. La existencia real de las cualidades se desprende, especialmente, del hecho de que son conocidas, por lo sentidos o por la razón. ¿Y cómo habían de venir a los sentidos si no procedieran de las cosas? Pero el que permanezcan en las cosas y, sin embargo, sean enviadas por ellas, sólo es posible por su naturaleza inmaterial, formal, espiritual. En esto descansa la doctrina de las especies sensibles, esto es, imágenes o apariencias. No está muy lejos del realismo ingenuo, que piensa que las cosas y sus cualidades se espejan en el alma sensible. La realidad de las cualidades sensibles es especialmente "preciada para los escolásticos", como dice Descartes alguna vez: era el "supuesto" del misterio de la Revelación. En la Eucaristía se transforma la substancia del pan y del vino en el cuerpo y sangre del Señor, pero – según la certeza natural y la doctrina de la Iglesia – las cualidades sensibles permanecen: se gusta el vino y se ve su color. Las cualidades sensibles permanecen y son, por lo tanto, reales" (F. Tönnies)

1 comentario:

Xacinto dijo...

Encuentro magnífico este apunte.

Muchas gracias.