3/2/10

Suspicacia romántica

Schmitt trata de determinar la idea de romanticismo; tras seguir los pasos de Hipólito Taine, que vincula el romanticismo al movimiento burgués – pujante ya en el XVIII sobre la hasta entonces dominante cultura aristocrática – señala las dificultades para hacer valer la idea del romanticismo como arte de la burguesía revolucionaria. Sigue una nota para especialistas de la sospecha.
"La pregunta acerca de qué tiene que ver el burgués políticamente revolucionario con el arte de un Wordsworth o un Walter Scott, es demasiado obvia. El crítico francés se ayuda en esos casos diciendo que el movimiento político se ha "disfrazado" aquí de revolución literaria del estilo. Este recurso explicativo es muy característico del pensamiento sociológico y psicológico del siglo XIX y XX. La concepción económica de la historia, en particular, opera con él de manera bastante ingenua cuando habla del enmascaramiento, reflejo o sublimación religiosos o artísticos de las condiciones económicas. Friedrich Engels ha dado un ejemplo paradigmático de ello cuando caracteriza el dogma calvinista de la predestinación como enmascaramiento religioso de la inexorabilidad de la competencia capitalista. Sin embargo, circula una tendencia mucho más profunda a percibir por todas partes un "enmascaramiento"; y no corresponde solamente a una orientación proletaria, sino que tiene una significación más general. En gran medida, todas las instituciones eclesiásticas y estatales, todos los conceptos y argumentos jurídicos, todo aquello que es oficial, incluso la democracia misma, una vez que ella es una forma constitucional, son percibidas como enmascaramientos vacíos y engañosos, como velo, fachada, simulacro o decoración. Las expresiones sutiles o groseras con las que se parafrasea esto son más numerosas y más fuertes que la mayoría de los giros lingüísticos correspondientes a otros tiempos, por ejemplo, la referencia a los simulacra, de los que se vale la literatura política del siglo XVII como de su lugar común sintomático. Hoy se construye por todas partes y muy rápidamente el "bastidor" detrás del cual se esconde la realidad que sucede verdaderamente. En esto se revela la inseguridad de la época y su profundo sentimiento de ser engañada. Una época que a partir de sus propios supuestos no produce ni una gran forma ni una representación tiene que sucumbir a tales orientaciones y considerar todo lo formal y oficial como un gran engaño. Porque ninguna época vive sin forma ni puede regirse exclusivamente por la cuestión económica. Cuando ella fracasa en la búsqueda de su propia forma se apropia de cientos de sucedáneos tomados de las formas auténticas de otras épocas y de otros pueblos, pero para desechar inmediatamente al sucedáneo como inauténtico." (Schmitt, Carl. Romanticismo político)

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