31/3/10

De paso

Vengo de oír, de pasada, que un juez que entiende en no se qué caso de corrupción, señala  de paso en su escrito, que el mentado y supuesto corrupto: " ha venido a burlarse de los simples mortales".
Perfectamente lego en materia jurídica, no deja de sorprenderme la arrogante pluma del también presunto técnico, que ha de ser el juez. Estas excelencias, quiero decir excrecencias, de estilo no parece que se adecúen a un auto judicial, si esto ha de ser un escrito técnico cuyo objetivo sea establecer una verdad netamente jurídica, esto es, según formas y procedimientos que espero, desde mi ignorancia en asuntos jurídicos, completamente ajenas a estimaciones subjetivas, aunque el sujeto sea un soberbio magistrado. 
Por lo demás, y puestos a juzgar, más allá del Derecho, al mentado y supuesto corrupto no le cuadra lo de simple burlador, aunque sólo fuera porque la burla no siempre es delito. Yo prefiero ahorrarme calificativos, no sólo porque no soy juez, sino también porque suelo ser muy mal hablado. Vale


PS. Y, por lo visto, el asunto no se queda aquí: Véase

25/3/10

Communis sententia.

Remito a un texto muy conocido de Miguel Delibes. Se trata de su extenso discurso de ingreso en la RAE. Al margen de su valor literario, por su contenido y por la fecha, creo que no puede ser más adecuada la ocasión.

24/3/10

Magister Laetus

La revista Renacimiento dedica su último número a la celebración de nuestro Magister Laetus. Es el último número por ser el más reciente, pero también por ser el número final de esta revista. En ella encuentro un magnífico introito de mano de D. Eduardo Mallea, escrito a cuatro años de la muerte de Chesterton. Dice así:

"En ese exacto punto de nuestra era en que comenzaba, sin signos todavía aparentes - así como no se anuncia ocaso cierto en la fortuita declinación de un sol voluble -, la desintegración occidental del hombre y su crisis civil en la órbita de la cristiandad, solía caminar por las calles de Londres un hombre en quien, para el ojo de unas pocas naturalezas esencialmente contemplativas y sagaces, parecía alcanzar su más alto grado de verosimilitud la idea de persona humana" (E Mallea 1941).

14/3/10

Aquilino Duque en memoria de Miguel Delibes.

Otro texto breve e importante de D. Aqulino, que fue publicado en El Manifiesto en 6/11/07, y lo enlaza su autor desde su página: Viñamarina. Quisiera volcarlo aquí pero no cuento con la debida venia.

Análisis o descomposición.

Una auténtica vivisección sería. Contemplación de uno y sus dimensiones psicológicas, a sabiendas de su investidura histórica y política. En sintonía con la siguiente afirmación de D. Emilio Lledó: "El pesimismo es reaccionario", con la que no estoy de acuerdo: no es propiamente pesimismo lo que define al reaccionario. En cualquier caso, los estados de ánimo no son subjetivos, en el sentido de individuales o egoiformes. Están configurados por la matriz histórico-política y antropológica en la que resulta el sujeto. 
Preámbulo para hablar de mí, o para hablar del mundo.
Pues bien, en el orden más genérico: la mirada torva y la sonrisa rota. Constante mueca de desazón y angustia. Naturaleza irascible pero en absoluto cínica, sino hondamente veraz y triste. Soledad abismal pero belicosa y pugnaz. Y con todo ello un entusiasmo inmediato ante los vestigios del mundo, residuales y escasos. Ésta es, en pocos rasgos la que estimo estructura de mi carácter. ¿Qué figura histórica puede generar semejante imposible figura?. Haría falta una erudición infinita para lograr una tal autognosis.
España europea del siglo XXI..., sólo sabiendo qué sea esto podría adivinarme, sólo entonces mi estimación resultaría juicio apodíctico.

3/3/10

Para un programa de restauración de las cualidades sensibles. Notas.

No cabe duda de que éste no es lugar para ciertos desarrollos. De atenernos a este formato devendríamos fragmentarios pensadores postmodernos. Podemos, sin embargo, (porque no tenemos otra opción) forzar la naturaleza misma de este espacio. Acaso de la articulación de los fragmentos amanezca un orden.
 Desde la perspectiva de la antropología filosófica de un materialismo pluralista (no monista) o simplemente complejo, podemos - creo que podemos - afrontar una revisión hasta la entraña que recodifique el sistema de la filosofía kantiana; purgando - para decirlo sin paliativos - el contenido metafísico idealista o racionalista y su correspondiente procedimiento disociativo. Por lo que toca, atenidos de momento a su proceder analítico, al componente teórico o cognoscitivo (inseparable e indisociable, desde nuestro enfoque,de la actividad productiva humana - la labor o el trabajo, diríamos - de estructura no sólo internamente normativa sino también volitiva y estimativa) es posible poner de pie, en una suerte de umstulpung, todo su discurso. 
Valga por caso, pero por caso crítico, la consideración relativa al caracter de "estructura intelectual humana" de la relación causa-efecto. No se trataría de un dato de experiencia, sino de una estructura a priori que se esquematiza por la "sucesión irreversible en el tiempo".  Entiendo que desde una concepción ajustada del carácter "doblemente formalizado" de la operatoriedad antropológica, (que revela la honda carga ontológica del trabajo y del endoesqueleto productivo que construye y que resulta capaz de soportar tal acción normalizada, o doblemente formalizada) puede leerse a Kant y, además, enderezarse su perspectiva. Disculpen la soberbia.
Dejo un muy conocido texto kantiano cuya hermenéutica ocuparía - ocupará - acaso un medio centenar de páginas.Entiendo que sólo conociendo la doctrina del carácter doblemente formalizado de la praxis antropológica puede notarse la enorme posibilidad interpretativa que el texto ofrece.

"Hasta ahora se admitía que todo nuestro conocimiento debía regirse por los objetos; pero todos los ensayos para decidir a priori algo sobre éstos, mediante conceptos, por los que sería extendido nuestro conocimiento, no conducían a nada. Ensáyese, pues, una vez si no adelantaremos más en los problemas de la metafísica admitiendo que los objetos tienen que regirse por nuestro conocimiento, lo cual concuerda ya mejor con la deseada posibilidad de un conocimiento a priori de dichos objetos, que establezca algo sobre ellos antes de que nos sean dados. Ocurre aquí como con el primer pensamiento de Copérnico, quien, no consiguiendo explicar bien los movimientos celestes si admitía que la masa toda de las estrellas daba vueltas alrededor del espectador, ensayó si no tendría mayor éxito haciendo al espectador dar vueltas y dejando en cambio las estrellas inmóviles. En la metafísica se puede hacer un ensayo semejante, por lo que se refiere a la intuición de los objetos. Si la intuición tiene que regularse por la constitución de los objetos, no comprendo cómo se pueda a priori saber algo de ella. ¿Regúlase empero el objeto - como objeto de los sentidos - por la constitución de nuestra facultad de intuición?. Entonces puedo muy bien representarme esa posibilidad. Pero como no puedo atenerme a esas intuiciones, si han de llegar a ser conocimientos, sino que tengo que referirlas, como representaciones, a algo como objeto, y determinar éste mediante aquellas, puedo, por tanto: o bien admitir que los conceptos, conforme a los cuales llevo a cabo esta determinación, se rigen también por el objeto y entonces caigo de nuevo en la misma perplejidad sobre el modo como pueda saber a priori algo de él; o bien admitir que los objetos o, lo que es lo mismo, la experiencia, en donde tan sólo son ellos - como objetos dados - conocidos, se regula por esos conceptos y entonces veo enseguida una explicación fácil; porque la experiencia misma es un modo de conocimiento que exige el concurso del entendimiento, cuya regla debo suponer en mí, aún antes de que los objetos me sean dados, por tanto a priori, regla que se expresa en conceptos a priori, por los que tienen, pues, que regirse necesariamente todos los objetos de la experiencia y con los que tienen que concordar." (Del Prólogo a la segunda edición de la Crítica de la Razón Pura, de 1787)