23/4/10

Unión Europea.

 H. Belloc, al margen de sus posiciones teológicas o políticas, es un historiador aficionado indudablemente plástico. Digo "aficionado" en el sentido en que Chesterton habla de "hobby" en su Autobiografía. Muy figurativa es su manera de enfatizar la cronología en referencia al criterio inamovible de la vida humana y su duración media.

“La escala de la vida humana afecta vigorosamente los grandes cambios que se producen en la sociedad humana. Lo que está más allá del recuerdo viviente deja de tener una influencia muy activa. Ahora bien, cuando empezó el Gran Cisma, sólo los hombres muy viejos, demasiado viejos para poder influir con sus tradiciones y estados anímicos sobre el mundo, recordaban la Sede Papal de Roma indivisa e indiscutida de su infancia. Cuando la cuestión del Gran Cisma estuvo definitivamente zanjada, el antiguo estado indiscutido de unidad europea bajo un Papa todopoderoso había quedado muy atrás en una lejana historia pasada”

Ahora que la vida de mi amigo más viejo se apaga, a sus 97 años de edad, veo con claridad que lo que pudo esperarse en 1928 no puede esperarse hoy, y a la irreparable pérdida personal he de sumar el fracaso histórico.

"El segundo título "el fracaso de la cristiandad" es también exacto considerado desde uno de los ángulos del asunto. Europa cesaba de estar unida y no ha vuelto a estarlo desde entonces. Pero no deberíamos aceptar la doctrina de que la separación de sus diversas partes estaba destinada a proseguir en forma creciente. La tendencia centrífuga podría muy bien no haber sido más que un mal pasajero.La reacción tenía que producirse, y por cierto se produjo. Más aún, una tendencia contraria, poderosa, instintiva, dirigida a unir a Europa, ha aparecido una y otra vez desde entonces, procurando hacerse efectiva, y aunque hasta ahora siempre ha fracasado, no debemos estar seguros de que en el futuro no tenga éxito. Por mi parte, siempre he pensado que, bajo la presión de elementos demasiado extraños que realmente hagan peligrar nuestra tradición europea común, resurgiría la unidad" (H. Belloc. Cómo aconteció la Reforma. 1928)

22/4/10

Nicolás Gómez Dávila.

Dejo aquí lo que, si ya no curiosidad, es, al menos todavía, rareza.  Dejará de serlo. Entre otros, también habrá que agradecérselo al desaparecido Volpi (DEP).Nicolás Gómez Dávila Paradoxa 14                                                              

21/4/10

Entrevista: Freud a día de hoy.

Ya hemos insistido aquí en el valor singular de la reciente obra de Juan B. Fuentes: La impostura freudiana. (Encuentro. Madrid. 2009). Señalábamos que la obra de S. Freud se abordaba desde una potente plataforma filosófica que se deja ver en el esbozo concreto que contiene el capítulo octavo del libro. Una entrevista ha de  hacer posible respuestas capaces de ofrecer in nuce el perfil de esa filosofía. Aquí se logra en buena medida, o se permite al menos indicar una dirección hacia la que orientar firmemente nuestra voluntad y nuestro entendimiento. Aguardamos el desarrollo por venir de ese núcleo ya visible.

La Torre del Virrey

19/4/10

Independencia y Totalidad.

Ahora, cuando se aproximan años de celebración de las sucesivas independencias de las repúblicas americanas de su metrópoli española, se afirma sin novedad la perfecta continuidad del pensamiento católico. Como un desafío eterno al principio democrático se erige la dura voz reaccionaria. Atalanta ha editado la breve obra en prosa continua, acaso ni aforismo ni texto, de D. Nicolás Gómez Dávila. Figura en este libro el inamovible texto implícito (Texto I) de los, estos sí, sucesivos escolios. 

Gómez Dávila, Nicolás. Textos.  Atalanta. Gerona.2010

14/4/10

Fe/Razón

Un acto de afirmación que busca definirse, siendo que su definición descansa en la misma afirmación. En esto consiste el que se conoce, desde Kant, como argumento ontológico. La perfecta y redonda convicción de que hay Dios: puesta, sostenida, consolidada. Hay Dios porque no puede no haberlo, es decir: Creo. A este acto de voluntad, perfecta entrega, se reduce todo el mal llamado argumento. Porque no es argumento sino la condición de cualquier argumentación, que es la operación de un sujeto cuya realidad pende de un acto de voluntad que se afirma cuando afirma que hay Dios. Luego, todo consiste en una suerte de autognosis que conduce más allá de uno mismo a las condiciones antropológicas de posibilidad de uno mismo, pero es un proceso necesariamente limitado porque el proceso de objetivación del sujeto tiene como límite la propia piel, quiero decir el fondo sin fondo de la propia constitución. En el límite de semejante autognosis, que supone un esfuerzo absoluto de conocimiento, vuelve a encontrarse el acto de afirmación y, me parece entender que entonces, dejando a un lado un trabajo que puede haber consumido la vida entera, se puede asumir, sin matices, sin regresos, y a partir de esa siempre minúscula plataforma añadida al curso de autocomprensión por una vida de entrega al estudio - orientado a la autognosis - que hay Dios. Entonces el que vence se postra y reza pero su simplicidad ofrece la misma inmediatez paradójica que la simpleza sin esfuerzo del más coherente de los ateos. 
"Porque ocurre con los misterios de nuestra religión como con las píldoras salutíferas que se emplean en las enfermedades: que cuando se tragan enteras tienen la virtud de curar; pero cuando se paladean tenemos que arrojarlas, en la mayoría de los casos, sin que produzcan su efecto" (T. Hobbes. Leviatán)

12/4/10

Novedad

Hay una magnífica edición de "El Príncipe" en la editorial Evergreen de Colonia, año 2009, impresa en China. El libro tiene valor de signo de nuestro tiempo. He dicho "magnífica edición" y, sin embargo, barata. Forrada en tela con la flor de Lis, símbolo de la ciudad de Florencia, sellado en su portada. Ilustraciones y papel de gran calidad: todo ello al precio no sólo asequible sino masivo, que logra imponer en el mercado la superproductividad asiática. 
Me ha parecido interesante que la obra sea justamente "El Príncipe". No dudo que ésta, como supongo que otras editoriales de origen europeo o americano, estarán deslocalizando su producción en China, es el juego del mercado al que ha quedado reducida la vieja sociedad. Pero me ha parecido casi una señal, el que haya sido la obra de Maquiavelo el primer ejemplo que hallo de esta deslocalización, por lo que toca al mercado del libro en español. La lucha económica sigue hoy estos movimientos de mercado y también la producción editorial se atiene a las reglas del nuevo "arte del poder".
Como quiera que sea, el tiempo nuevo pone en mis manos una obra fundamental, en un acabado materialmente encomiable a un precio que puedo pagar. Por lo demás, es la traducción de Miguel Ángel  Granada, cuyos derechos tuviera Alianza editorial. Acompañan a las páginas de Maquiavelo, además de una breve introducción, dos ensayos: uno de Macaulay, otro de Isaiah Berlin. El autor de la introducción es Cary J. Nederman profesor del departamento de ciencia política del College of Liberal Arts, Texas A&M University. Creo que no puede haber signo más claro, que la figura de este libro, de lo que haya de llegar a ser la filosofía en nuestros días.Es notable, entiendo, que el contenido mismo de esta obra se encuentre en el umbral de una modernidad que conduce a la magnífica materialidad masiva que en este caso lo arropa. Y digo "magnífica" en un sentido meramente económico (no me cabe duda de que  su precio es económicamente muy competitivo) en análogo sentido al que tiene en la lengua de Maquiavelo el término virtud - virtú - "sin moralina", que dijera Nietzsche.
Es notable también que Nederman insiste, una vez más, en el tópico del antimaquiavelismo de Maquiavelo, de suerte que sería inadecuada, a la luz del conjunto de su obra, la identificación de Maquiavelo con la doctrina de la Razón de Estado. Más allá de discutir esta cuestión, no me cabe la menor duda de que Maquiavelo es un autor moderno, su pretendido distanciamiento y relativismo le acreditan a los ojos del hombre nuevo. Un ejemplo casi al azar. Escribe el florentino: "Creo que esto es debido al mal uso o al buen uso de la crueldad. Bien usadas se pueden llamar aquellas crueldades (si del mal es lícito decir bien) que se hacen de una sola vez y de golpe, por la necesidad de asegurarse, y luego ya no se insiste más en ellas...". Hoy nos evitamos el paréntesis y podemos hablar sin problemas de una "magnífica vulgaridad".

4/4/10

Medio Ambiente y Eternidad.

El nombre de la ciudad de Buenos Aires siempre me pareció una notable concesión, como una ciudad fundada por geógrafos y ecólogos paganos atentos a la calidad de los lugares, las aguas y los aires. Sólo su nombre completo devuelve el sentido al mundo de los fundadores de la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Aire.

La Era Fármaco-Pornográfica (II)

Citaba aquí una notable previsión, ofrecida por G. K. Chesterton, relativa a la nueva herejía triunfante. Esta nueva herejía, avisaba, "va a ser sencillamente un ataque a la moralidad y en particular a la moralidad sexual". Lejos del socialismo revolucionario, la nueva herejía nacería de la "exultante energía vital de los ricos resueltos a divertirse por fin, sin Papismo, ni Puritanismo, ni Socialismo que les contengan". Una herejía arraigada en la naturaleza del hombre, señalaba Chesterton, que concluía citando a S. Juan:"cuya flor es la lujuria de la carne, la lascivia del ojo y el orgullo de la vida". Incluso señalaba su procedencia: "La locura de mañana no está en Moscú, sino mucho más en Manhattan, la mayor parte se encontraba en Broadway y ya está en Picadilly". Eran todavía los años treinta y la herejía se hallaba en estado naciente,. 
Hoy triunfa entre nosotros, pero quizás y contra todas las apariencias haya comenzado su ocaso, consumida en su propia llamarada de negación. No es optimismo, porque su conclusión puede ser horrorosa y porque no es segura. Incluso sus opositores la promueven, caso de B. Preciado, pero también de M. Houellebecq, quienes, sin embargo, manifiestan oscuramente las señales del renovado triunfo de la verdad.
"El 14 de diciembre de 1967, la Asamblea Nacional aprobó en primera ronda la ley Neuwirth sobre la legalización de los anticonceptivos; aunque todavía no estaba subvencionada por la Seguridad Social, la píldora podía venderse libremente en las farmacias A partir de aquel momento amplias capas de población tuvieron acceso a la liberación sexual, hasta entonces reservada a las clases directivas, los profesionales liberales y los artistas, así como a algunos empresarios. Es chocante comprobar que a veces se ha presentado la liberación sexual como si fuera un sueño comunitario, cuando en realidad se trataba de un nuevo escalón en la progresiva escalada histórica del individualismo. Como indica la bonita palabra francesa ménage la pareja y la familia eran el último islote de comunismo primitivo en el seno de la sociedad liberal (1). La liberación sexual provocó la destrucción de esas comunidades intermediarias, las últimas que separaban al individuo del mercado. Este proceso de destrucción continúa en la actualidad" 
(M. Houellebecq)

(1) Habría que recorrer la constitución de la sucia ambigüedad que ha adquirido el término "liberal"

1/4/10

Precursores y vías muertas.

En algún momento de La Dama de Shangai escuché de labios de R. Hayworth una curiosa frase: "No podemos perder, si nos rendimos". De esto hará unos veinte años. Mi memoria - un auténtico escombrero - ha conservado el pasaje, que nunca pensé que me con-vendría en este punto.  Y este punto es el de rumiar o volver a traer la figura del barón de Montesquieu, al que ya E. Durkheim y después R. Aaron han elevado al estatuto de precursor de las ciencias sociales. Venerable por muchas razones, el noble crítico francés adquiere a la vista de sociólogos, historiadores, economistas, juristas... el valor de una solución de continuidad, una inflexión vital en el curso exánime de la historia de sus disciplinas: el rostro, en suma, de un padre fundador.
En la España que habla inglés, que se abre democráticamente al mundo mediante las tecnologías de la información, que se quiere situar en el corazón de una Europa arropada, a su vez, por la sociedad del conocimiento global, en la España moderna, en suma, la figura de Montesquieu goza de notable reconocimiento. No busco desafiar en conjunto la legitimidad de ese reconocimiento, pero sí señalar - sobre la base de una concepción crítica de la modernidad - las debilidades de su obra, precisamente como una de las fuerzas promotoras de esta modernidad a la que estamos entregados, pero cuyo feo rostro sólo con un enorme esfuerzo podríamos dejar de ver. Frente a ésta podría oponerse "nuestra modernidad", la que ha resultado vencida al punto de entregarse enteramente, evitando acaso de este modo la verguenza de declararse derrotada. Y, añadiré, esta otra modernidad no quisiera concebirse como española - en los términos justamente del nacionalismo del tiempo nuevo - sino universal. Sobre esto habría tanto que hablar... justamente todo lo que se silencia en la España del inglés, de las TIC y de Bolonia.
Pero volviendo al Señor de la Brède, sin desemerecer la importancia que en otros campos tiene su obra, nos avisaba recientemente (1984), por ejemplo, Julián Marías:
"Pero como esos autores era superiores en fama y técnicas, a los españoles, estos partían de ellos y rara vez se aventuraban a desentenderse de sus obras (o utilizarlas críticamente) y esas deformaciones pasaban íntegras a las suyas propias. En su momento habrá que hablar de la indecible irresponsabilidad de hombre tan eminente como Montesquieu, de su increíble falta de curiosidad y de conocimiento, cuando se trata de España; y podrá medirse lo que ha contribuido a confundir las cosas en la mente de los españoles." 
En relación a estas deformaciones y confusiones de Montesquieu habría que revisar sus obras de temática española: Considérations sur les richesses de l´Espagne (1726/1727) o sus Reflexions sur la monarchie universelle en Europe (1731/1733), más inmediato será leer la Carta 78 de sus Cartas Persas (1721).  Todo ello se aduce no con el ánimo de contribuir al recurrente llanto por España, mortecino y agotador, no con pretensión alguna revindicativa de la nación española, al modo de la conocida Defensa de la nación española de J. de Cadalso, en  el contexto de una reacción nacional contra Masson de Morviliers, en la que juega tan importante papel  la citada carta 78. Naturalmente en la medida en que la perspectiva europea - y europeísta - sobre España nos resulta injusta no dejan de indignarnos semejantes ataques. Ahora bien, tras la defensa nuestro ataque no seguiría las líneas de los defensores de la nación, simplemente porque aceptamos que esa nación, para bien o para mal, no fraguó en la forma de nación política homologada al resto de las modernas estructuras políticas europeas. De ahí su difícil modernidad, de ahí la importancia fundamental que sigue teniendo la cuestión: ¿Qué es España?.Pregunta que se da por respondida por los intelectuales angloparlantes, tecnológicamente eficientes, e integrados sin resto en la sociedad del conocimiento. De esta suerte quienes se empecinan en plantearla son ya declarados ineficientes rémoras del pretérito. No diré más, sino que su futuro es el fundamento de nuestra persistencia.