14/4/10

Fe/Razón

Un acto de afirmación que busca definirse, siendo que su definición descansa en la misma afirmación. En esto consiste el que se conoce, desde Kant, como argumento ontológico. La perfecta y redonda convicción de que hay Dios: puesta, sostenida, consolidada. Hay Dios porque no puede no haberlo, es decir: Creo. A este acto de voluntad, perfecta entrega, se reduce todo el mal llamado argumento. Porque no es argumento sino la condición de cualquier argumentación, que es la operación de un sujeto cuya realidad pende de un acto de voluntad que se afirma cuando afirma que hay Dios. Luego, todo consiste en una suerte de autognosis que conduce más allá de uno mismo a las condiciones antropológicas de posibilidad de uno mismo, pero es un proceso necesariamente limitado porque el proceso de objetivación del sujeto tiene como límite la propia piel, quiero decir el fondo sin fondo de la propia constitución. En el límite de semejante autognosis, que supone un esfuerzo absoluto de conocimiento, vuelve a encontrarse el acto de afirmación y, me parece entender que entonces, dejando a un lado un trabajo que puede haber consumido la vida entera, se puede asumir, sin matices, sin regresos, y a partir de esa siempre minúscula plataforma añadida al curso de autocomprensión por una vida de entrega al estudio - orientado a la autognosis - que hay Dios. Entonces el que vence se postra y reza pero su simplicidad ofrece la misma inmediatez paradójica que la simpleza sin esfuerzo del más coherente de los ateos. 
"Porque ocurre con los misterios de nuestra religión como con las píldoras salutíferas que se emplean en las enfermedades: que cuando se tragan enteras tienen la virtud de curar; pero cuando se paladean tenemos que arrojarlas, en la mayoría de los casos, sin que produzcan su efecto" (T. Hobbes. Leviatán)

7 comentarios:

Anónimo dijo...

credo quia absurdum

A Día De Hoy dijo...

Me temo que no me he explicado bien, quizás porque el asunto es difícil, quiero decir, dialéctico. No tanto creo porque es absurdo, sino porque lo absurdo es no creer. La creencia hace posible la autognosis que conduce a la simple admisión de la fe. Renunciar, en suma, al conocimiento que la fe hace posible como condición precisamente de la más simple entrega. El horizonte es el mismo para el carbonero y para el filósofo. Prefiero, sin embargo (y esta preferencia es también compleja) la dura vía del filósofo para acabar, al modo de Chesterton, señalando que nuestra actitud en la oración es exactamente la misma que la de una anciana analfabeta que reza en un rincón de la Iglesia. Diré, sin embargo, que estoy muy lejos de recobrarme de ese modo y, a menudo, adivino que no lograré.

Anónimo dijo...

Oración de Santo Tomás de Aquino

Aquí me llego, todopoderoso y eterno Dios,
al sacramento de vuestro unigénito Hijo
mi Señor Jesucristo,
como enfermo al médico de la vida,
como manchado a la fuente de misericordias,
como ciego a la luz de la claridad eterna,
como pobre y desvalido al Señor
de los cielos y tierra.
Ruego, pues, a vuestra infinita bondad y misericordia,
tengáis por bien sanar mi enfermedad,
limpiar mi suciedad, alumbrar mi ceguedad,
enriquecer mi pobreza y vestir mi desnudez,
para que así pueda yo recibir el Pan de los Angeles,
al Rey de los Reyes, al Señor de los señores,
con tanta reverencia y humildad,
con tanta contrición y devoción,
con tal fe y tal pureza,
y con tal propósito e intención,
cual conviene para la salud de mi alma.
Dame, Señor, que reciba yo,
no sólo el sacramento
del Sacratísimo Cuerpo y Sangre,
sino también la virtud y gracia del sacramento
!Oh benignísimo Dios!,
concededme que albergue yo en mi corazón
de tal modo el Cuerpo de vuestro unigénito Hijo,
nuestro Señor Jesucristo,
Cuerpo adorable que tomó de la Virgen María,
que merezca incorporarme a su Cuerpo místico,
y contarme como a uno de sus miembros.
!Oh piadosísimo Padre!,
otorgadme que este unigénito Hijo vuestro,
al cual deseo ahora recibir encubierto
y debajo del velo en esta vida,
merezca yo verle para siempre,
descubierto y sin velo, en la otra.
El cual con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo,
Dios, por los siglos de los siglos. Amén

¿Es mejor rezar así o leer la Suma Teológica?

A Día De Hoy dijo...

Sinceramente, no parece haber mucha diferencia.

A Día De Hoy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

En homenaje al autor del blog reproducimos aquí un bello poema de Hopkins y su insuperable traducción

GERARD MANLEY HOPKINS

PIED BEAUTY

GLORY be to God for dappled things—
For skies of couple-colour as a brinded cow;
For rose-moles all in stipple upon trout that swim;
Fresh-firecoal chestnut-falls; finches’ wings;
Landscape plotted and pieced—fold, fallow, and plough;
And áll trádes, their gear and tackle and trim.

All things counter, original, spare, strange;
Whatever is fickle, freckled (who knows how?)
With swift, slow; sweet, sour; adazzle, dim;
He fathers-forth whose beauty is past change:
Praise him.

Gloria a Dios por las cosas variopintas:
por los cielos cual reses berrendas, a dos tintas;
por la mota rosada que en la trucha que nada pinta pintas a tu antojo;
las caídas castañas, frescas ascuas al rojo;
las alas del pinzón; y las campañas ensambladas de partes:redil,labor, barbecho;
y todos los oficios con sus artes, su apero, su pertrecho.

Todo lo peregrino, singular; cuanto de raro y vario ha sido hecho
con modo de mudar, todo lo que motea (mas ¿a quien se le alcanza?)
con premura y templanza, acritud y dulzura; aquello que fulgura y qye sombrea, así lo engendra Aquél cuya hermosura se halla más allá de la mudanza:
Loado sea.

A Día De Hoy dijo...

Agradezco de corazón tan bello como anónimo homenaje. Muchas gracias.