24/4/11

Filosofía - Sociología.

La sociología es una disciplina republicana por su perspectiva y sus posiciones fundamentales. Es una disciplina civil o burguesa  en su institucionalización, al menos en Francia, aunque también en Alemania de un modo menos exacto. Puede leerse la magnífica introducción de Ramón Ramos a los escritos de Émile Durkheim sobre El Socialismo
La sociología es programática y constitutivamente anti-metafísica y, por lo mismo, es republicana, es decir, contraria a toda monarquía de algún modo fundada en términos metapolíticos, tiende asimismo al socialismo secular y es contraria a todo comunitarismo fundado necesariamente en términos metapolíticos. Puede ser presidencialista pero jamás teológica o tradicionalista. Quiere ser naturalmente científica. Esta posición doctrinal se juega históricamente en terrenos sociales e institucionales muy determinados, en los que la filosofía ha ido perdiendo sistemáticamente la batalla. 
En España los estudios de filosofía fueron introducidos en la educación secundaria por el régimen posterior a la guerra civil. Las facultades de filosofía pasaron entonces a la vanguardia ideológica de la estructura universitaria y, a través de su presencia en la segunda enseñanza, su alcance se extendió sobre el conjunto de la población letrada del país. En España - como todo el mundo sabe - esos ominosos cuarenta años han retrasado nuestra incorporación a la plena modernidad europea. [Uno se pregunta qué sería de España desde el siglo XVI. Si se está informado, se conocerá la amplia "literatura histórica" que nos proporciona una legendaria y negra explicación al respecto] La guerra civil habría abortado - además - los pasos hacia la plena modernidad que se habían dado en las primeras décadas del siglo y, especialmente, durante nuestra segunda república. Abortado el camino al nuevo horizonte la sociología sólo lograría su institucionalización en España de modo extraordinariamente tardío, y es contemporánea de la elogiada transición democrática española que se abre paso desde finales de los años setenta. Es patético contemplar a los filósofos de nuestros días buscando su espacio en los planes de estudio, enfatizando el perfil profesional - la utilidad social, es decir, económica del licenciado en filosofía - merced a sus virtudes relativas a las técnicas sociales o de management. Sólo la construcción de una metafísica capaz de hacer frente a la antimetafísica moderna podría hacer valer realmente una filosofía que se pretenda tal y no mera denominación vergonzante de un sucedáneo de las ciencias sociales. De hecho su continuidad en la enseñanza media se explica por su conversión en una forma de confusa divulgación de las ciencias sociales, ante las que ha ido perdiendo terreno. La psicología y psicopedagogía ha tomado las labores de orientación doctrinal, la economía y la sociología ocupan ya, con denominación propia, posiciones en el bachillerato. Este proceso que está teniendo lugar todavía entre nosotros, es ya viejo en países avanzados de nuestro entorno.
".... todas las secciones en La Sorbona tienen directores, y resulta interesante observar qué secciones son las que los tienen y cuáles las que no. Los directores valen lo que valen, pero al menos lo son y ellos son lo que son. Podemos estimarles, podemos desestimarles. Pero ya es notable que haya directores, y una de las mayores miserias es que haya secciones que no los tengan. Valen lo que valen, pero en esta enumeración se puede decir que M. Lanson, tal como es, es el patrón del francés, que M. Lavisse, tal como es, lo es de la historia; que M. Brunot es del alemán, y ya asoma la cabeza un pequeñuelo que será el patrón del inglés. Por el contrario, hay otras disciplinas que no tienen jefe. Y la reina de todas esas disciplinas no tiene patrón en la Sorbona. No deja de ser un hecho digno de ser tenido muy en cuenta que la filosofía no esté representada en la asamblea de los dioses, que la filosofía no tenga patrón en la Sorbona. Porque es evidente que M. Durkheim no es en absoluto patrón de la filosofía, sino un patrón contra la filosofía. Nada pone de relieve con más perfección, nada expresa mejor esta aversión y no sólo esta indigencia, este terror que la Sorbona tiene actualmente ante todo aquello que es pensamiento. Y cierro aquí mi paréntesis". (Charles Péguy)
 

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