29/8/11

El sofista

La estrategia no puede ser más evidente, ni podría ser más eficaz en nuestra "época del aislamiento mutuo" (Dostoyevski). La apuesta por la educación de pago - que prefieren llamar privada - exige un tratamiento a medio plazo: paciente, pautado, minucioso.
Ahora se actúa ante la anunciada protesta, cuyo efecto sobre la opinión podría tener algún eco electoral (que, por mi parte, juzgo escaso y a muy corto plazo) comprando - del modo más directo - la voluntad de los profesores de la educación gratuita - que prefieren llamar pública -. Se anuncia un aumento de sueldo para el profesorado de la educación pública 1, avisando del aumento de jornada de trabajo que se impone. Se anuncia el paso de 18 a 20 horas lectivas y a la par se deja de contratar a casi 3000 profesores interinos, cuya labor parece que quedaría absorbida por el incremento de la carga docente.
Por lo demás la cantidad ahorrada con la decisión viene a ser la misma - se habla de unos 80 millones de euros - que dejará de ingresarse por la desgravación fiscal de la que se beneficiara todo aquel, al margen de su renta, que matricule a sus criaturas en un colegio privado. Con esto queda del todo patente la orientación, por lo demás explícita, de la ínclita presidenta.  Pero además la interinidad constituía la vía de acceso a la función pública en el cuerpo de profesores de secundaria, su práctica eliminación ha de tener un efecto sobre la vía de acceso al mentado cuerpo, al margen de dejar en la calle a los tres mil o reorientarlos a un difícil puesto en la educación de pago, verdaderamente privada por cuanto su ortograma se reduce al incremento del beneficio. Allí la jornada lectiva - insisto lectiva - ronda las 27 horas semanales. Todo el que tenga experiencia al respecto sabrá con esto en qué consiste la calidad de semejante enseñanza.
En fin respecto del asunto no nos está vedado especular: en principio el acceso, a lo que va quedando de la vieja función pública educativa, gravitará sobre méritos académicos. Esto supone ya una importante modificación que puede presentarse como una defensa de la juventud y la formación académica pero esconde, también, una apuesta por un cuerpo de académicos antes que de trabajadores. El interinaje constituía, por un parte, una magnífica escuela cotidiana de métodos y habilidades, esas que pretenden en vano enseñarnos los académicos psicopedagogos, y por otra parte, enseñaba a los jóvenes y no tan jóvenes la necesidad de mantener sus demandas ante una administración que los ha ido maltratando hasta vencerlos definitivamente, si es que esta suspensión de la contratación de los tres mil, finalmente, se impone. Además el contrapeso de la oposición suponía que tampoco podía descuidarse enteramente la formación más propiamente erudita o académica, porque sólo un buen examen te concedía - junto a los puntos acumulados en largos años de peregrinaje interino - el acceso a la función docente. No era un método perfecto, no los hay, pero era un método relativamente más justo que cualquier otro que pueda concebir. Es cierto que los arcanos que nos gobiernan gozan del consejo bien pagado de tantos expertos que, no lo dudo, hallarán el modo perfecto de gestionar el sector.
En cuanto al aumento de la carga laboral, el opinante de nuestra sociedad (regida por la que John Locke llamara law of fashion or opinion) - un opinante que solemos llamar ciudadano, entenderá que esa jornada es realmente muy corta en comparación con las cuarenta horas, como mínimo, que afronta cualquier trabajador. Ha de señalarse, naturalmente, que esas veinte horas lectivas (sólo fueron 18 para los que habían de hacerse cargo de otras tareas), que ahora se amplían, son estrictamente lectivas, horas de clase ante los alumnos. Por lo demás, al aumentar el número de alumnos por clase, en especial en la eduación secundaria, se ha aumentado de hecho la jornada laboral de los profesores. Esto se ha venido haciendo de modo continuo en los últimos años. 
En cualquier caso hablamos de cuatro horas de clase diarias. Éstas pueden darse de muchos modos y hay, sin duda, modos poco costosos para la energía del profesor. Yo dudo de que estos modos de mínima exigencia para el profesor sean, a la par, los más enriquecedores para el alumno. Si el profesor se compromete  profundamente con sus clases, cuatro horas diarias pueden constituir una muy dura jornada laboral. Es absurdo cuantíficar de modo homogéneo cualquier profesión: un buzo no permanece sumergido ocho horas diarias y un conductor de mercancías peligrosas está obligado a los imprescindibles tiempos de descanso.  No haría falta tampoco señalar el tiempo invertido en esas clases antes y después de pisar el aula. Todas estas precisiones empiezan a ser necesarias en un entorno que ha olvidado el sentido profundo que escondía el término studium.
En fin, añádase a estas horas lectivas las dedicadas a esa función, estrictamente contraria al magisterio y aniquiladora de su naturaleza, que es la función del guardia y, junto a ellas, numerosas reuniones - cuyo valor podría discutirse - y tareas administrativas en incremento continuo como consecuencia de la asfixiante judicialización y medicalización de la educación: faltas enviadas diariamente y anotadas en diversos registros, control de sanciones, conducción de expedientes, mediación en conflictos... Con todo ello salen las cuarenta horas semanales y aún bastantes más. Nada diré del salario para no herir a nadie en un país con más de cinco millones de parados, nada diré del tiempo libre que el profesorado disfruta y que constituye uno de los lugares comunes más frecuentemente utilizados socialmente en su contra. Pero tampoco puede pasarse en silencio la llamada formación del profesorado que es mero adoctrinamiento y habilitación en tareas instrumentales y vacías de todo contenido: inglés y nuevas tecnologías.
Se agradecerá el incremento salarial, nos extasiaremos ante el horizonte de excelencia que se nos dibuja, soñaremos con higiénicas clases en perfecto inglés y, cuando despertemos, habremos olvidado la raíz de nuestra historia, el duro e intratable corazón de nuestra personalidad, la agresiva y dolorosa naturaleza de la enseñanza de esas materias - continuamente arrinconadas - que exigen el más directo contraste de ideas, la más pugnaz dialéctica. Tras el inglés podría ser el chino, que ya se ofrece, por ejemplo, en centros escolares a cargo del Opus Dei y, en un continuo ejercicio de adaptación al cambiante curso de la historia, nos convertiremos en polvo en aluvión sin referencia alguna al pasado esfuerzo por diseñar su cauce. Acaso consigamos situar la marca España entre las más apetecidas en el mercado cósmico y sanear las cuentas de la gran empresa pública que es el nuevo Estado.
Bienvenido sea el incremento salarial, hace tanto tiempo que estoy necesitando un nuevo televisor...

1. Finalmente el significativo aumento de sueldo se reducirá a su condición de reclamo y se cifrará, al parecer, en algo menos de unos veinte euros para los profesores tutores o jefes de departamento. Ya veremos como se desenvuelve el asunto a medida que crece la protesta. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Fernando,

brillante y limpio, claro y certero hasta el dolor...

Necesitamos reflexión y un argumentario sólido para volver a la senda perdida... la del Hombre

Los filósofos estáis de moda (hacen falta ideas): Te recomiendo que leas los artículos de dos colegas tuyos de profesión, dos catedráticos de filosofía, que escribían ayer día 31 en EL PAÍS en la sección de opinión (no he conseguido recuperar los vínculos):

"Nostalgia de las pasiones tranquilas" de Daniel Innerarity, catedrático de filosofía de la UPV

"Las vacaciones del siervo" de Antonio Valdecantos, catedrático de filosofía de la CARLOS III

También te recomiendo que te hagas con la publicación de la revista nº7 del Lemonde diplomatique: "Tiempos de utopias", en el que se plantean algunas reflexiones sobre la noción de utopía desde distintas perspectivas. La he estado leyendo este verano y me he acordado de tí y de tu estancia en la Alemania del Este antes de la caída del muro, pues también había un artículo sobre la "OSTALGIA", que es el concepto que usan en alemania para referirse al sentimiento de nostalgia hacia las condiciones socio-económicas en la antigua alemania democrática.
Dentro de esta revista es de obligada lectura el artículo "la esencia del neoliberalismo", del sociólogo francés Pierre Bourdieu, muerto en 2002, y que ya analizaba certeramente lo que se nos venía encima.

Yo por mi parte, como estoy en paro (y dudo mucho que la CAM de marcha atrás... sólo una huelga salvaje para esto), voy a intentar preparar un argumentario técnico de temas económicos para seguir apoyando al 15M

Un abrazo fuerte
Jesús