4/8/11

Perros del mar.

No es fácil ponerle nombre al trasunto actual del viejo Barbanegra, del Olonés, o del mismísimo Francisco Draque, tan honorable y digno de respeto que mereció el título de Sir: Sir Francis Drake. Pero, corsarios o piratas, el gran océano mundial del mercado, el gran charco del mundo, está infestado de perros del mar.
Por un parte, el gran acreedor global es la actual fábrica del mundo, por utilizar el viejo título ostentado originalmente por Inglaterra. China es el primer acreedor de los Estados Unidos de América y, por lo que a España respecta, varias veces parece haber evitado el colapso financiero comprando deuda del Estado. El medio lo constituyen los llamados "fondos soberanos" que satisfacen países ricos en fuentes de energía o materias primas, o bien países con superavit fiscal, dispuestos a invertir en la compra de deuda - pública o privada -. A China se suman aquí otros países financieramente saneados.
En atención a la tesis que defiende la substancial inseparabilidad  de política y economía, de Estado y Mercado, parece que - contra la pretendida evidencia de un mercado autorregulado - está produciéndose el tránsito a un nuevo orden político mundial, que no parece prescindir de las unidades políticas clásicas, los Estados Nacionales, aunque los reordena y, en algunos casos, promueve su articulación en alianzas que suponen síntesis relativas: uniones comerciales, federaciones, afictionías... Tampoco prescinde, sino que adelanta a posiciones de vanguardia, al efectivo protagonismo, a las viejas unidades imperiales. Y el proceso sigue pese a la ficción que pretende que la acción política se reduce a su función moderna de gestión y reequilibrio del sistema de producción, distribución y consumo, es decir, de gestión económica.
Pero, por otra parte, ayunos de todo componente histórico metapolítico, el proceso de la modernidad - la extensión de Europa ahora ya sin Europa - sigue su curso. Si China como unidad política arcaica deviene primer acreedor mundial, por otra parte estamos ante un grado extremo de democracia económica. Es que, en efecto, ahora resulta ser la "inversión colectiva" de grandes masas de pequeños inversores la que satisface unos fondos que oscilarían en torno a los 18 o 20 billones de euros. Resulta, asimismo, que en estos fondos los inversores anglosajones son ampliamente mayoritarios. La mayor, pero sólo una de estas gestoras de fondos, dispone de activos que multiplican varias veces el producto interior bruto español. A estos fondos de inversión se suman enormes "fondos de pensiones", derivados del esfuerzo de ahorro de millones de individuos que esperan disfrutar de una cómoda jubilación, y que por lo pronto satisfacen unos 14 billones de euros. Por último, también el capital acumulado en "fondos de riesgo" es de procedencia anglosajona y su riesgo derivaría del hecho de que manejan sus fondos - de hecho menores que los ya citados - enteramente al margen de cualquier consideración a otra norma que el gran mantra del mercado: optimización de beneficio, reducción de coste... Mucho cuello para tan poca soga.

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