18/7/07

La quilla contra la ola.

ABEJAS DE CRISTAL.
I.
"Tal vez yo estuviera viendo las cosas desde un ángulo demasiado desfavorable. Aún estaba lleno de prejuicios anticuados que en nada me beneficiaban. Se iban cubriendo de polvo dentro de mí, como esos trofeos de plata que tenía en casa iluminando la desolación que los rodeaba.
Desde el momento en que todo debía basarse en un contrato, que no se fundase en la confianza y el honor, ya no existían ni la fidelidad, ni la fe. La disciplina había desaparecido del mundo. La catástrofe la había substituido. Se vivía en una intranquilidad permanente donde nadie podía confiar en los demás: ¿era culpa mía?. Yo no pretendía ser peor, pero tampoco mejor"

II. "Sentí la tremenda desproporción que existe entre uno de los poderosos de la tierra y un hombre que apenas si tiene en el bolsillo el dinero necesario para el viaje de vuelta. De pronto me asaltó la idea de que no me hallaba a la altura de ese encuentro. Era una señal de desclasamiento, una sensación que jamás había conocido. Un oficial de la Caballería Ligera no podía experimentarla bajo ninguna circunstancia. Monteron nos lo decía a menudo. También decía; "Sólo cuando el capitán abandona el barco éste se pierde y se convierte en un bien mostrenco. El auténtico capitán se hunde con su barco". Se refería a la dignidad de la persona.
Esto fue lo que me vino a la cabeza mientras me temblaban las rodillas. Me acordé también de aquellos tiempos remotos en los que no abrigábamos más que desprecio por esos magnates del acero y del carbón (el cine y los autómatas ni siquiera se veían por aquel entonces; a lo sumo sólo en ferias y parques de atracciones)." (Ernst Jünger)

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