1/4/09

Familia: Fe y Razón.

Hace tiempo mi estado habitual de cenizo impenitente ha alcanzado un grado crítico que me está llevando a mudar de naturaleza. La situación es terrible dado que, acostumbrados a mi natural aciago, mis prójimos desprecian la novedad y me indican que estoy una vez más con mis cosas de siempre, que estoy quizás un punto más hipocondríaco, o simplemente que atravieso otra racha de tedium vitae en exceso expresiva. Mis principios, quiero decir mis conocimientos en la materia, que es de carácter moral, me impiden solicitar lo que hoy llamarían "ayuda profesional", aunque la perspectiva de una baja laboral me tienta y a punto estoy de acercarme al psicólogo. Describo los síntomas:
En primer lugar un estado de completa extenuación espiritual, al que acompaña una intensa conciencia de la perfecta ausencia de sentido de mi labor profesional. Cumplimiento ritual de los aspectos externos del trabajo: puntualidad, aseo, cortesía... aunque creo que aparezco algo hosco a los compañeros, pero esta sensación puede no responder a la realidad.
En segundo lugar una alarma creciente que roza el pánico ante mi vida familiar. Temor acentuado al contacto de mi familia más próxima - en especial los hijos - con cualquier persona. Misantropía que no excluye a los niños de más de dos años. Este temor enfático y profundo va acompañado de una preocupación por lograr las condiciones óptimas de aislamiento o, al menos, de control selectivo de los vínculos y relaciones - hoy diríamos "contactos" - que establezcan o vayan a establecer. Naturalmente le sigue una frustración casi inmediata derivada de mi total impotencia a la hora de fijar dicho control selectivo, que exigiría una rápida mudanza, cambio de localidad, destrucción del aparato de televisión, educación a domicilio (Home learning o Homeschooling, creo que lo llaman) etc. En relación con esta situación irrumpen ciertas manifestaciones inesperadas, por ejemplo, la expresión pública de mis opiniones en materia social y política a sabiendas del riesgo que esto supone en las actuales condiciones de negación de libertad. Como el orden político es hermético e infinitamente elástico cualquier afirmación de falta de libertad me presenta a los ojos de los demás como un infausto alarmista en el mejor de los casos, en el peor como un reaccionario que merecería ser silenciado, un sujeto carente de conciencia o del menor atisbo de "solidaridad". Entiendo que esto no favorece la evolución de mis dolencias.
Por último, el sensible reconocimiento de la falta de potencia intelectual para alcanzar un conocimiento adecuado de la situación, sobre el que fundar algún programa de acción. Conciencia dolorosa de la complejidad del proceso histórico de demolición que arroja el presente estado del mundo. Aunque advierto fragmentos, elementos y variables intervinientes, no alcanzo a definir el perfil ajustado del curso histórico cuyo resultado es el desierto sin horizontes de nuestros días.

Y, sin embargo, de entre los fenómenos que siempre se me escapan, de entre las figuras que mi razón ignora, destaca una vez y siempre un manantial cuya potencia sospecho infinita, una fuente de afirmación y de alegría que no tiene razón de ser, que es sin razón. Tengo ante mí la voz de mi padre y el rostro de mi hijo.

"¿Se sentía amparado en casa?
Sí. Mis recuerdos son, por supuesto, engañosos, pero, hasta donde alcanzan, se trataba de un mundo seguro. Sabía que tanto mi padre como mi madre harían todo por mí. Cuando enfermaba - cosa muy frecuente en mi niñez - me rodeaban de todos los cuidados; me sentía completamente protegido. Mi posterior capacidad de resistencia, cuando escribía libros a los que nadie prestaba atención, la refiero siempre a esta enorme seguridad de la que gocé en mi niñez.
Podría quizás formularlo así: según han descubierto los astrónomos, el universo está lleno de los ecos de la gran explosión; del mismo modo, las personas llevan consigo un sentimiento de fondo referido a su vida y procedente de su época temprana en el seno de la familia. Tengo un trasfondo de gran seguridad, de que, en definitiva, todo irá bien y lo atribuyo a la enorme protección que experimenté de niño en el afecto de mis padres" (Norbert Elias)

1 comentario:

Xacinto dijo...

Ya que estás tan desesperado, deberías perder el miedo (o la pereza) a la evangelización.
Deberías dar más la lata con estos textos maravillosos que encuentras y metérselos por las narices a todos los que tengas a tiro.

Tengo muchas ganas de presentarte a varias personas y de verte a ti y a los tuyos. A ver cómo lo vamos organizando...

Aprovecha los 15 días de permiso por paternidad.

Unha aperta forte, meu.