8/7/07

Ciudadanismo.

El Estado moderno que viene tomando (infectando) la comunidad genera en el proceso la llamada sociedad. La sociedad es sólo el resto desarticulado, el residuo o lo que va quedando, resultado de la destrucción comunitaria. El grado límite de una sociedad sin estructura es el tropel de los ciudadanos: bien nutridos, asistidos, arropados, cultivados en todos los sentidos, por el Estado, concebido - además - como un Estado participado uno a uno - distributiva o inorgánicamente - por todos los ciudadanos. Estado generador, fuente nutricia y sentido último de la vida del ciudadano. Ese Estado no es el de las sociedades políticas antiguas, cuya mera dimensión suponía la presencia directa, en cuerpo inmediato y a viva voz, del "polités" que no podía - responsable ante los otros, no ante la Razón de Estado (monstruo sombrío) - desfallecer irresponsablemente en sus obligaciones. Mucho menos es este Estado la "civitas" medieval o la comunidad transida en vertical por la fe en el Dios de la Trinidad y horizontalmente por vínculos de proximidad transitiva que hacen del otro un prójimo, bajo la bóveda triunfante del Dios Uno y Trino, cuyo espíritu alentaba desde Roma. El Estado Nación Moderno - monstruo sin sombra porque carece de cuerpo y, sin embargo, monstruo sombrío - o la llamada Nación Política, empieza rompiendo los cuerpos intermedios, como notan los últimos contemporáneos de la vieja comunidad, sea por ejemplo Tocqueville, y con ello deshace los vínculos de "projimidad" transitiva. Aisla, separa, condena a soledad. Por otra parte, su clave de bóveda es una Razón abstracta que se identifica finalmente con el interés del aparato mismo que el Estado es y se titula "Razón de Estado", concebida como razón ultima desde Maquiavelo. Frente al Terror Racionalista del Estado Moderno se elevó, para caer derrotada, la política cristiana. Hoy, poco antes de cultivarnos en sentido biológico, nuevo ministro de sanidad, mucho más allá de la falsa religión de la cultura, que se limita al pastoreo ideológico, el representante máximo del Estado nos distribuye 2.500 euros de dinero del Estado para fertilizarnos.
Dios nos proteja, mientras nos declaramos súbditos - en modo alguno ciudadanos - del "legítimo" Rey de España. Acaso - añadiríamos - ni súbditos, ni ciudadanos, sino españoles y vecinos de nuestro lugar. Vale.

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