22/2/09

Teología poética.

D. Enrique García-Máiquez nos regalaba estos hermosos versos:

La maldición del poeta.

Ve a un extraño en el espejo
y más en la vida, sólo
se reconoce en sus versos.

Acaso el difícil presente me llevó a pensar más bien en una bendición, dado que al poeta le quedan sus versos como firme de su identidad. Al resto de mortales nos queda - en el mejor de los casos - el consuelo de reconocernos en versos de otros... un consuelo que también podría faltar. No estaríamos ante una maldición sino, quizás, en una situación estrictamente trágica.
La respuesta de D. Enrique García-Máiquez no podía ser otra, pero para llegar a verla había que arrancarse el cenizo del pesimismo. Es la potencia profunda de una tradición milenaria, que encarna con tanta belleza el Magister Laetus. Pero alcanza una poderosa dulzura formulada de tan magnífico modo. Responde D. Enrique García-Máiquez:

La maldición de cualquiera.

Ve a un extraño en el espejo
y aún más extraño en la vida.
Sólo espera que Dios pueda
reconocerlo en su día.

Nota. Algún reparo relativo al título: sigue hablando de maldición, pero no puede concederse ante semejante esperanza. Además no parece adecuado - pese a su humilde condición de criatura - llamar al hombre cualquiera.

21/2/09

Sonnenwendefeier.... oder Was?

Les propongo un enigma, que es el de nuestro tiempo, a través del trágico ejemplo - no me excedo en el adjetivo - que representa mi situación actual. Vivo en una ciudad de aluvión, como todas las que constituyen el viejo cinturón industrial de Madrid. Es una ciudad sin tradiciones, un viejo pueblo reconvertido, al que hemos ido llegando todos aquellos a los que el orden de nuestros días no ha dejado otra vía de escape. Aquí se celebran - del modo en que hoy masivamente se celebran - todo tipo de fechas nefastas 1: carnavales hoy, mañana ferias diversas, fines de semana de ordinario, fechas señaladas (sin razón y sin memoria) o, siempre, cualquier ocasión de esparcimiento que a cualquier ciudadano - es el título que ahora ostenta todo fulano - le resulte apropiada. "Cualquiera" es la palabra clave y el secreto de nuestra igualdad.
No quiero excederme: aunque no vivo en acuerdo con mi circunstancia, abono mis impuestos y me someto a las normas de vida común. Cuando se viola una norma una súbita indignación me abrasa, pero he aprendido que cualquier oposición al delito puede resultar inicialmente sospechosa, posteriormente sancionada, finalmente dolorosa. Vivo entre la plebe - no el pueblo - y en consonancia con mi entorno. Pero nadie que no esté simplemente destruido puede soportar indefinidamente un infierno moral como el que habitamos.
Sólo un ejemplo: una ley prohibe la celebración del llamado "botellón" - que se justifica en referencia al alto precio que las bebidas tienen en los lugares culturalmente definidos para su consumo -. Así pues, estas reuniones masivas se celebran bajo mi ventana. Llamo a la policía - brazo del Estado que todavía se presenta como ejecutor de la ley - pero la respuesta del funcionario encargado consiste en una disculpa. Primero, la ley prohibe esta forma de consumo de bebidas espirituosas, luego no pueden habilitar zonas para la realización de una práctica delictiva. Pero, segundo, tampoco disponen de medios - fácticos y, sobre todo, morales - para ejecutar la ley. La salida obvia es la autodefensa, el uso privado de las armas etc. El policía no entiende mi conclusión, efectivamente carece del habito de concluir, es decir, de la capacidad del razonamiento.
Añadan que todavía me resta un núcleo de constitución personal del que difícilmente podré deshacerme. Es el caso que tengo un hijo que no puede dormir ante el ruido masivo de algo que llaman música, acompañado de la berrea del público asistente. No se si alguno de mis eventuales lectores entenderá la tensión que sufro. No me refiero a un padecimiento abstracto, me refiero al incremento de mi tensión arterial, la cefalea opresiva y un numeroso conjunto de síntomas que no deseo enumerar. Los medios de comunicación me informan de enfermedades morales de nuestro tiempo: acoso, moving... ¿podría acusar al gobierno del municipio de mis padecimientos?.
Añadan la contradicción evidente: la ley no se cumple, pero a su incumplimiento insta el propio gobierno cuando promueve estos festejos de masas, la grey de sus bebedores se reune amontonada por el ayuntamiento en estos festejos ¿cómo convencerles de que la semana próxima no tendrán derecho a hacer lo que esta semana están haciendo, no ya impunemente, sino incitados por la autoridad?.
Cualquier oposición al esparcimiento de esta grey podría considerarse un atentado contra la democracia. Es la palabra del asno. Su designación adecuada también es antigua: oclocracia. Iré buscando un arma...

1. Para cualquier desorientación relativa al título de esta entrada, sigan este vínculo: Viñamarina 20/2/09

Homonoia - Uno inligaret vinculo

Et omne sub regnum Remi
mortali concessit genus
idem loquuntur dissoni
ritus, idipsum sentiunt.
Hoc destinatum, quo magis
jus Christiani nominis,
quodcunque terrarum jacet,
uno inligaret vinculo.
(Prudencio. Peristephanon siglo IV)

[He aquí que toda la raza humana se ha plegado al reino de Remo; diferentes ritos dicen lo mismo y piensan lo mismo; de modo que está escrito que la ley cristiana una toda la tierra en un solo lazo.]

Ya se acerca, Señor, o ya es llegada
la edad gloriosa que promete el cielo
una grey y un pastor solo en el suelo
por suerte a vuestros tiempos reservada.
Ya tan alto principio en tal jornada
os muestra el fin de vuestro santo celo
y anuncia al mundo, para más consuelo
un monarca, un imperio y una espada.
Ya el orbe de la tierra siente en parte
y espera en todo vuestra monarquía,
conquistado por vos en justa guerra.
Que a quien ha dado Cristo su estandarte
dará el segundo más dichoso día
en que, vencido el mar, venza la tierra.
(Hernando de Acuña. Siglo XVI)

14/2/09

Dar razones

Son pocos los visitantes de este lugar - no encuentro término más indeterminado -. Por vuestro escaso número conozco vuestro enorme valor. Pero llevo largo tiempo sin encontrar ocasión, ni motivo, para detenerme a depositar, en el viento electrónico de este espacio, un sólo resto. El fleco de una lectura o una desinteresada consideración. Quiero decir una consideración sin interés. Un terrible vaivén - sin intención y sin sentido - me tiene enredado en su capricho: trabajo, compras, visitas, papeles y formalidades, asistencias inexcusables... y en estos enredos se van los días. Hace muchos días que no hablo con los amigos, hace más tiempo cuánto más viejos son los amigos, quiero decir, más antigua la amistad. Ni siquiera comparto ya una tarde con el único hombre que me indicó la norma. Hablo con mi padre por teléfono pero son ya meses sin echar la tarde en su compañía. Y - como siempre - empieza a resultar obsesiva la cuestión de si valdrá la pena... Cuando su urgencia se hace perentoria veo el orden que gira en torno a mí y puedo contemplarme centro del mundo y, sin soberbia, entiendo la importancia que tiene la lenta digestión de mi paciencia. Quiero decir que retomaré en breve plazo una más asidua atención a este espacio.

3/2/09



Binarius numerus infamis
(Sto. Tomás de Aquino)