10/11/09

Comunidad: la lengua y la madre.

Sobrellevo unas pocas debilidades que puedan publicarse, muchas son las inconfesables. Mi gusto y afinidad por la literatura de Gabriel García Márquez no parece que deba ocultarse. Es, sin embargo, para mí mismo un motivo de perplejidad. Sus posiciones políticas inmediatas me son frontalmente opuestas, y su obra periodística me disgusta. Ésta es, naturalmente, su obra más manifiesta, más apegada a la actualidad, y me es no sólo ajena, sino contraria.
Sin embargo, alguna vez he querido tematizar una honda afinidad, que se sobrepone a esa distancia de superficie. Tengo para mí que D. Gabriel es uno de los grandes nombres de la literatura española y este adjetivo es substancial o substantivo. D. Gabriel es uno de los grandes españoles de la literatura. Quiero señalar que esta adscripción no tiene ninguna intención nacionalista de apropiación excluyente. Es una afirmación para cuya discusión sería requisito previo la determinación de una idea precisa de lo que entendemos por España, y creo que es justamente esto lo que me acerca al maestro colombiano, porque la España clásica está en pie y presente de cuerpo entero en su obra, y no me refiero con esto a su gusto por la literatura del siglo de oro, que es sólo un síntoma más de esta honda afinidad antropológica con una estructura metapolítica que la monarquía católica proyectó y realizó, en buena medida.
Esto es lo que sólo un biógrafo inglés puede llegar a entender, y además a entenderlo perfectamente al revés. Por eso, acaso exclamara el maestro ante su biógrafo "no del todo sinceramente" como el propio biógrafo reconoce: "Bueno, supongo que todo escritor que se respeta debería tener un biógrafo inglés".
De ningún modo podría figurar aquí la dimensión de esta obra cuya manifestación plena - Cien años de soledad - narra un cataclismo que compromete hondamente a los españoles: el choque civilizatorio de tradición y modernidad; (léase al respecto la mentada Razón del Mundo del recientemente fallecido D. Francisco Ayala, una obra cuya gestación es contemporánea de la de Cien años de soledad.). Este biógrafo inglés es Gerald Martin pero en el espacio mitológico de D. Gabriel - y la mitología es un componente esencial de ese metapolítico orden antropológico - es ya para siempre el tío Yerald. El tío Yerald escribe en relación a la primera narración de un jovencísimo Gabriel García Márquez.

"Esta obsesión genealógica, dinástica, y la exploración paralela del universo entero (tiempo, espacio, materia, espíritu; vida, muerte, enterro, corrupción, metamorfosis) conforman una estructura lógica y sensorial que, una vez explorada y elaborada de manera explícita, en apariencia desaparecerá de la obra de García Márquez, pero de hecho devendría implícita y sus manifestaciones se moderarán estratégicamente, a fin de sacarles el máximo partido"
(Gerald Martin. Gabriel García Márquez. Una vida. Debate. Barcelona. 2009)

2 comentarios:

Alfonso dijo...

La política hoy día adolece del mismo funesto vicio que la violencia. Como decía Ortega -dejando así bien claro que no era un bondadoso moderno- no es lícita la violencia como prima ratio.Declarado este principio básico que no legitima comportarse como un bárbaro a las primeras de cambio, se reconoce, no obstante, que el empleo de la fuerza se vuelve en ocasiones inexcusable. Pues bien, lo perverso de la política de hoy es que se usa como prima ratio ya sea para aceptar o para rechazar, cuando es el caso que las posiciones políticas se asientan en convecciones, sentimientos y razonamientos de más hondo calado e intrincados caminos. De ahí que mostrar escrúpulos o directamente vituperar a alguien por su afiliación política puede llegar a ser como partirle la cara a quien accidentalmente te pise en el metro en hora punta.
García Márquez te gustaba desde antes de conocer su periodismo y su izquierdismo, y eso es lo que vale.
Curiosamente, Franco Volpi, el prologista de los Escolios de Gómez Dávila en la nueva edición de Atalanta informa: "De García Márquez, su caballeroso adversario, se relata un juicio proferido en privado, ingualmente halagador: "Si no fuera de izquieras, pensaría en todo y para todo como él""
Supongo que con el "Si no..." sólo rechazaba su izquierdismo, que no comentía el grave error de querer decir que su izquierdismo invalidaba todo lo demás.

A Día De Hoy dijo...

Así ha de ser. Sucede, sin embargo, que cierta ideología declara que todo es política... y no deja espacio para la vida antropológica. Desde luego, no es el caso de ninguno de los maestros colombianos y, humildemente, tampoco es el mío.