11/6/10

Filiación.

No me cabe duda de la índole "sobrenatural" 1 de las relaciones de parentesco, pese a lo cual las concibo en estricta continuidad material con la procedencia biológica del hombre. Esta continuidad material, también real, tiene un reflejo axiológico que reconoce el derecho romano cuando tematiza las cuestiones de adopción. Parece indudable la relevancia creciente que la filiación biológica adquiere en Roma, perfectamente recogida en la conocida fórmula de Justiniano: adoptio naturam imitatur. Se trata de una relevancia que conduce a un reconocimiento creciente del valor de la real paternidad biológica (progenitura, si se quiere)  en las decisiones legales, frente a las - sin paradoja - no menos reales ficciones legales. No es tanto que se desestime la validez de la filiación adoptiva o desligada de la progenitura, sino de que se estima modelo de toda adopción al esquema de la relación entre un hombre y una mujer, presidida por el amor y orientada al engendramiento de hijos. Todo ello en un ámbito social no sólo anterior al cristianismo, sino cuando menos condescenciente y tolerante de fenómenos como la homosexualidad o el divorcio.
Concluyo definiendo una posición entre un iusnaturalismo ingenuo y un absoluto constructivismo, que esconde una soberbia autoexaltación vacía de la potencia creadora del hombre y que es la hegemónica posición moderna. Coinciden ambas en terminar en la afirmación de una sobrenaturaleza humana, anterior y trascendente en el primer caso, posterior e inmanente en el segundo. Tengo la impresión de que, entre ambas metafísicas, se desenvuelve la vieja doctrina cristiana.

1. Las comillas señalan el siguiente reparo: no me cabe duda del carácter antropológico o cultural de las estructuras de parentesco pero no dejaré de dudar de la índole estrictametne praeternatural de la filiación y el parentesco. Entiendo que esta duda es un componente inexcusable de la fe, si no es fe hermética e inmediata, impropia de un hombre, aunque pueda ser propia del que sea más o menos que un hombre.

2 comentarios:

Xacinto dijo...

La Roma de Justiniano es cualquier cosa, menos anterior al Cristianismo. De hecho, los cambios que los historiadores del Derecho perciben en las instituciones jurídicas romanas de dicha época (Derecho postclásico), se explican en gran medida por el peso que va cogiendo la moral cristiana en el esquema de costumbres de la población del Imperio. Por ejemplo, hablando del matrimonio, dice el profesor García Garrido: "En el derecho postclásico y justinianeo se operan profundos cambios en el matrimonio. Aparece una nueva concepción basada en las ideas cristianas de la indisolubilidad del vínculo matrimonial que atribuye valor definitivo al consentimiento inicial, es decir, al que se intercambia entre los contrayentes al celebrar su matrimonio; dando con ello un significado diverso a la máxima jurisprudencial de consensus facit nuptias."

A Día De Hoy dijo...

Por supuesto, tienes razón. Justiniano significa el terminus ad quem de un proceso que es el que ancla en un orden social precristiano en el que, sin embargo, y con relativa independencia del cristianismo habría aparecido una creciente valoración de la progenitura en la filiación, es decir, de la filiación cognaticia. Se hallaría el proceso ya en marcha en Ulpiano o en Gayo. Esta relevancia jurídica creciente la señala S. Perozzi, por ejemplo, frente a un período anterior en que, sin ser desestimada, está oscurecida por la filiación adoptiva y adrogativa. Todo esto lo digo careciendo de toda erudición al respecto y ateniéndome al juicio de historiadores que pueden errar, sin duda, pero que dicen reconocer esa tendencia con, como digo, relativa independencia del cristianismo que, sin duda, la depura y culmina. Signo de lo cual, en efecto, es Justiniano. Con ello, tratando el cristianismo como fenómeno histórico, podemos encontrar una raíz antropológica elemental que nos vincula al cuerpo paterno, cuya materia somos, y pese a las hoy casi absolutas posibilidades de producción genética y cultural de nuevos sujetos.
Te agradezco enormemente la nota, que me avisa de los riesgos de andar a ciegas por donde caminan los que de esto saben.