6/6/09

En las tinieblas.

Quisiera escribir unas líneas en el estilo de Léon Bloy. Declarar en poco espacio un sufrimiento que me atraviesa y me consume. Humilde pero glorioso, acusar al mundo. No puedo, soy un vencido, serviría de tema pero no puedo ser el autor de la glosa que cifre mi derrota.
La imagen de cabecera recoge el espectáculo que me ofrece la mañana. Encerrado en un mínimo claustro amurallado, casi un zulo que apenas me defiende de la agresión, espero a que las muchedumbres de la oclocracia se hayan dispersado con la luz del día. Mis hijos se despiertan suavemente, les doy su desayuno tratando de sonreir sin mencionar a las criaturas de tiniebla. Las ventanas cerradas todavía para eludir la atmósfera de orín y vómito rancio. En ese contexto mi trabajo cotidiano resulta absurdo por una razón genérica y demoledora: no tiene sentido premeditar una ofensiva cuando tu ejército diezmado, está siendo reducido, aniquilado, destruido. Alzar la voz para exigir el silencio mínimo que requiere el estudio, en medio de la angustiada bacanal de nuestros días: labor trágica. Es maldad y es cobardía.

"Sería necesario estar privado tanto de razón como de olfato para no sentir que el cuerpo social entero es una carroña parecida a la de Baudelaire "de la que brotaban negros batallones de larvas" y cuya "hediondez era tan fuerte que, en la hierba, la amada creyó desvanecerse" Esta abominación, que sólo por el fuego puede ser conjurada, aumenta cada día con espantosa rapidez. Nos acostumbramos, haciéndose la cobardía de los unos cómplice de la maldad de los otros, y quienes más horror debieran sentir se resignan a la mugre en silencio y con los brazos cruzados. Es la bancarrota de las almas, el irreparable déficit de la conciencia cristiana.
Es pues evidente que Dios se verá forzado a renovar todas las cosas, pues realmente no hay medio ya de subsitir por más tiempo de este modo..." (L. Bloy)

24/5/09

Abba

La paternidad entraña un grave peligro: una absoluta excitación de la sensibilidad ante las capacidades del hombre y el sacrificio absoluto en aras de su actualización. Sólo una moderación de estas poderosas tendencias, que pueda evitar concebirse como traición, puede salvarnos de una rápida inmolación. Tratar de ser padre es luchar contra las profundas deformaciones del mundo y es, como tal, una tarea imposible en la que es imposible no sucumbir.
La ortodoxia ha tratado de concebir una paternidad posible en las condiciones del siglo, pero hay que contar con la Pasión. Es la dolorosísima experiencia de la salvación.

9/5/09

La Era Fármaco-Pornográfica.

El nombre de esta entrada procede de un libro que merece una respuesta: frontal, detenida, radical, compleja. Lo firma Beatriz Preciado. Testo yonqui. Espasa. 2008. La demolición del lenguaje (lenguaje-dominación, o algo así sería un término de su reserva) hace angustiosa su lectura. Cito al Magister Laetus en continuidad con esta referencia, por deshacerme de la negra angustia y del terror.

"Cuatro días antes de la aparición de la apasionada crítica del Yorkshire Post, el creador del Padre Brown había estado explicando el cosmos al arremeter contra la "próxima herejía". Chesterton afirmaba que tal herejía "va a ser sencillamente un ataque a la moralidad y en particular a la moralidad sexual". No iba a venir "de algunos socialistas sobrevivientes de la Sociedad Fabiana, sino de la exultante energía vital de los ricos resueltos a divertirse por fin, sin Papismo, ni Puritanismo, ni Socialismo que les contengan". Era una herejía mucho más peligrosa que la débil teoría del colectivismo, ya que, a diferencia de ésta, llamada al fracaso por carecer de raíces auténticas en la naturaleza humana, estaba enraizada en las profundidades abismales de la raza humana. Era una herejía "cuya flor es la lujuria de la carne, la lascivia del ojo y el orgullo de la vida". El hombre que no puede verlo era "incapaz de contemplar por la calle los signos celestiales", una nueva clase de señales del cielo: "La locura de mañana no está en Moscú, sino mucho más en Manhattan, la mayor parte se encontraba en Broadway y ya está en Picadilly".
Afirmaba que esta nueva explosión de promiscuidad había secundado anteriormente la herejía del materialismo de los siglos dieciocho y diecinueve..."
(Pearce, Joseph. G. K. Chesterton. Sabiduría e inocencia. Encuentro. Madrid.2009)

Aprovecho para recordar el tratamiento que Chesterton dio a Freud ya en 1925, es decir, cuando el padre del psicoanálisis era universalmente aclamado. Freud, sin duda, uno de los animadores del espíritu de la nueva era. El diagnóstico chestertoniano apareció en el primer número del G. K´s Weekly el 21 de marzo de 1925.

"Los ignorantes pronuncian Frud
para ponerle peros o aplaudirle.
Los bien informados pronuncian Froid
y yo sin embargo pronuncio
Fraude."

(Pearce, J. pág. 380)

21/4/09

Yo era un tonto...

Dice D. Nicolás Gómez Dávila que nadie que se conozca puede absolverse. Mi infinita ignorancia, que apenas alcanzo a concebir, me ha permitido caminar por mis días con cierta firmeza y seguridad. He habitado siempre entre los muchos - en la plétora o la plebe - y así me he sabido sancionado. Pero algún infausto azar, del que no puedo declararme responsable, me ha expulsado del caluroso seno de mi vieja sociedad.
Viajo ahora con el gesto descompuesto como por un dolor que no siento, porque no es un dolor físico, ni siquiera es natural, aunque siempre va acompañado de una mala digestión. Suelo cubrirme con la capa del reaccionario o del metafísico, resto de una vanidad que deploro. Soy en realidad un triste imbécil y no puedo absolverme. Me contrasto con la pujante juventud angloparlante, me comparo con la madurez reconciliada con el nuevo orden del mundo, y con el desprecio engaño mi eficaz autodesprecio. Carezco de las técnicas profesionales adecuadas, no estoy actualizado, apenas resulto operativo, mi rendimiento ha entrado en una espiral decreciente, mi humor adusto y seco es síntoma de una impotencia que se esconde bajo la máscara de la soberbia. Carezco de habilidades sociales, no dispongo de un círculo de relaciones... en realidad: ¿no es una huida mi exaltación de la familia? ¿qué otro lugar podría habitar?. Me juzgo capaz de resistir a la psicología porque temo el diagnóstico demoledor. Estoy obsoleto. Me consuelo pensando que soy un hombre de otro tiempo, pero esto es tan ridículo como pretenderse poseedor del cuerpo equivocado. Simplemente soy una malformación, un objeto apto para la teratología del presente. El trasunto contemporáneo de Gregor Samsa: entre escarabajo y medusa. Soy imposible: Yo era un tonto y lo que he leído me ha hecho dos tontos.

18/4/09

Imagen y Cantidad.

Ha escrito D. Nicolás Gómez Dávila:

- El mito falso no se reemplaza con tesis científicas, sino con auténticos mitos

- Sin imaginación alerta la inteligencia encalla.

- El diablo patrocina el arte abstracto, porque representar es someterse.

- No hay que buscarle significado a lo que tiene valor, porque tener significado es tener valor.

- Los dioses castigan privando de significado las cosas.

- Los gestos públicos deberían estar regulados por el más estricto formalismo para impedir esa espontaneidad fingida que tanto place al tonto.

- A las éticas formales el diablo acaba dándoles el contenido.

- Toda idea es siempre demasiado simple.

- Prédica de una encarnación, el catolicismo es pasión de lo concreto. La idea católica aspira siempre a objetividad plástica.

- La interpretación económica de la historia cojea, mientras la economía se limita a ser infraestructura de la existencia humana. Pero resulta pertinente, en cambio, cuando la economía, al convertirse en programa doctrinario de la transformación del mundo, se vuelve superestructura.

1/4/09

Familia: Fe y Razón.

Hace tiempo mi estado habitual de cenizo impenitente ha alcanzado un grado crítico que me está llevando a mudar de naturaleza. La situación es terrible dado que, acostumbrados a mi natural aciago, mis prójimos desprecian la novedad y me indican que estoy una vez más con mis cosas de siempre, que estoy quizás un punto más hipocondríaco, o simplemente que atravieso otra racha de tedium vitae en exceso expresiva. Mis principios, quiero decir mis conocimientos en la materia, que es de carácter moral, me impiden solicitar lo que hoy llamarían "ayuda profesional", aunque la perspectiva de una baja laboral me tienta y a punto estoy de acercarme al psicólogo. Describo los síntomas:
En primer lugar un estado de completa extenuación espiritual, al que acompaña una intensa conciencia de la perfecta ausencia de sentido de mi labor profesional. Cumplimiento ritual de los aspectos externos del trabajo: puntualidad, aseo, cortesía... aunque creo que aparezco algo hosco a los compañeros, pero esta sensación puede no responder a la realidad.
En segundo lugar una alarma creciente que roza el pánico ante mi vida familiar. Temor acentuado al contacto de mi familia más próxima - en especial los hijos - con cualquier persona. Misantropía que no excluye a los niños de más de dos años. Este temor enfático y profundo va acompañado de una preocupación por lograr las condiciones óptimas de aislamiento o, al menos, de control selectivo de los vínculos y relaciones - hoy diríamos "contactos" - que establezcan o vayan a establecer. Naturalmente le sigue una frustración casi inmediata derivada de mi total impotencia a la hora de fijar dicho control selectivo, que exigiría una rápida mudanza, cambio de localidad, destrucción del aparato de televisión, educación a domicilio (Home learning o Homeschooling, creo que lo llaman) etc. En relación con esta situación irrumpen ciertas manifestaciones inesperadas, por ejemplo, la expresión pública de mis opiniones en materia social y política a sabiendas del riesgo que esto supone en las actuales condiciones de negación de libertad. Como el orden político es hermético e infinitamente elástico cualquier afirmación de falta de libertad me presenta a los ojos de los demás como un infausto alarmista en el mejor de los casos, en el peor como un reaccionario que merecería ser silenciado, un sujeto carente de conciencia o del menor atisbo de "solidaridad". Entiendo que esto no favorece la evolución de mis dolencias.
Por último, el sensible reconocimiento de la falta de potencia intelectual para alcanzar un conocimiento adecuado de la situación, sobre el que fundar algún programa de acción. Conciencia dolorosa de la complejidad del proceso histórico de demolición que arroja el presente estado del mundo. Aunque advierto fragmentos, elementos y variables intervinientes, no alcanzo a definir el perfil ajustado del curso histórico cuyo resultado es el desierto sin horizontes de nuestros días.

Y, sin embargo, de entre los fenómenos que siempre se me escapan, de entre las figuras que mi razón ignora, destaca una vez y siempre un manantial cuya potencia sospecho infinita, una fuente de afirmación y de alegría que no tiene razón de ser, que es sin razón. Tengo ante mí la voz de mi padre y el rostro de mi hijo.

"¿Se sentía amparado en casa?
Sí. Mis recuerdos son, por supuesto, engañosos, pero, hasta donde alcanzan, se trataba de un mundo seguro. Sabía que tanto mi padre como mi madre harían todo por mí. Cuando enfermaba - cosa muy frecuente en mi niñez - me rodeaban de todos los cuidados; me sentía completamente protegido. Mi posterior capacidad de resistencia, cuando escribía libros a los que nadie prestaba atención, la refiero siempre a esta enorme seguridad de la que gocé en mi niñez.
Podría quizás formularlo así: según han descubierto los astrónomos, el universo está lleno de los ecos de la gran explosión; del mismo modo, las personas llevan consigo un sentimiento de fondo referido a su vida y procedente de su época temprana en el seno de la familia. Tengo un trasfondo de gran seguridad, de que, en definitiva, todo irá bien y lo atribuyo a la enorme protección que experimenté de niño en el afecto de mis padres" (Norbert Elias)

DE LA NADA, QUE AVANZA

Ese título es casi un lugar común, el desierto debiera habernos asfixiado ya. Acaso lo ha hecho. Me miro las manos, nervudas y cruzadas de v...