4/2/10

No-Resistencia. Una observación

La doctrina schmittiana del katechon puede contemplarse como la más actual barrera filosófica contra el avance de la doctrina de la no-resistencia al mal (Mateo 5, 39) cuyas raíces se quieren tan antiguas como la conversión de Roma bajo Constantino el Grande y el Papa Silvestre. Podría no ser contemporánea de la misma conversión romana pero en todo caso el valdesianismo, que data ya del siglo XII, acredita una notable antigüedad y, realmente, no parece que pueda objetarse nada a la presencia constante de una oposición al catolicismo romano desde el momento mismo de su constitución. La heterodoxia es un momento de la ortodoxia. El núcleo crítico de las doctrinas de cuáqueros, menonitas, baptistas... pero también de los dujobori rusos puede cifrarse en la citada doctrina de la no-resistencia al mal con la violencia.
Cabe concebir como una forma de "romanticismo político", en el sentido de C. Schmitt, cualquier formulación moderna de la citada doctrina: "La relación entre protestantismo y romanticismo se impone por sí misma: no sólo los contrarrevolucionarios católicos la han señalado, sino también los protestantes alemanes"  (C. Schmitt). Encuentro, sin embargo, que esta doctrina escapa de la tipificación del mencionado romanticismo político y alcanza una gravedad teológica y política sin parangón. Sin negar la relación entre protestantismo y romanticismo la cuestión de la no-resistencia no puede desdeñarse como una doctrina ocasionalista y subjetivista, característicamente romántica. 
Cito un documento recogido por L. Tolstói:
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"2 de octubre de 1818. Tiflis
Esta mañana, el comandante me ha dicho que no hace mucho enviaron a Georgia a cinco campesinos que habían pertenecido a un terrateniente de la provincia de Tambov, y que habían sido entregados para servir en el ejército, pero que se habían negado a hacerlo. Los azotaron con látigos y los apalearon en repetidas ocasiones, pero con tal de no servir, se entregaron sin resistirse a las más crueles torturas diciendo: "Déjennos marchar, no nos hagan daño, nosotros no se lo hacemos a nadie. Somos todos iguales, y el zar es un hombre igual a nosotros; ¿por qué tenemos que pagarle tributos, por qué tenemos que arriesgar nuestras vidas para matar a otras personas que no nos han hecho ningún mal?. Nos podéis cortar a pedazos, pero no cambiaremos nuestras convicciones: nunca vestiremos capote militar ni comeremos rancho. Aquel que se apiade de nosotros, que nos dé una limosna, porque del Estado nunca hemos querido nada, ni lo queremos". Así son las palabras de estos mujiks que además aseguraban que en Rusia hay muchos que piensan como ellos. Fueron llevados en cuatro ocasiones ante el Comité de Ministros, que finalmente decidió informar al zar sobre el asunto. Éste ordenó que fueran enviados a Georgia para ser corregidos, y mandó al comandante jefe que le informara mensualmente sobre los éxitos que fuera obteniendo en la labor de reconducir su modo de pensar"


No parece que esta actitud pueda analogarse a la romántica, si puede oponerse el romántico al mártir. Acaso se funde antes en el carácter del mujik que del protestante, pero sus protagonistas reunían la condición de campesinos con la de dujobori y molokanes, grupos cristianos rusos, representantes de lo que suele llamarse anarcocristianismo.

3/2/10

Suspicacia romántica

Schmitt trata de determinar la idea de romanticismo; tras seguir los pasos de Hipólito Taine, que vincula el romanticismo al movimiento burgués – pujante ya en el XVIII sobre la hasta entonces dominante cultura aristocrática – señala las dificultades para hacer valer la idea del romanticismo como arte de la burguesía revolucionaria. Sigue una nota para especialistas de la sospecha.
"La pregunta acerca de qué tiene que ver el burgués políticamente revolucionario con el arte de un Wordsworth o un Walter Scott, es demasiado obvia. El crítico francés se ayuda en esos casos diciendo que el movimiento político se ha "disfrazado" aquí de revolución literaria del estilo. Este recurso explicativo es muy característico del pensamiento sociológico y psicológico del siglo XIX y XX. La concepción económica de la historia, en particular, opera con él de manera bastante ingenua cuando habla del enmascaramiento, reflejo o sublimación religiosos o artísticos de las condiciones económicas. Friedrich Engels ha dado un ejemplo paradigmático de ello cuando caracteriza el dogma calvinista de la predestinación como enmascaramiento religioso de la inexorabilidad de la competencia capitalista. Sin embargo, circula una tendencia mucho más profunda a percibir por todas partes un "enmascaramiento"; y no corresponde solamente a una orientación proletaria, sino que tiene una significación más general. En gran medida, todas las instituciones eclesiásticas y estatales, todos los conceptos y argumentos jurídicos, todo aquello que es oficial, incluso la democracia misma, una vez que ella es una forma constitucional, son percibidas como enmascaramientos vacíos y engañosos, como velo, fachada, simulacro o decoración. Las expresiones sutiles o groseras con las que se parafrasea esto son más numerosas y más fuertes que la mayoría de los giros lingüísticos correspondientes a otros tiempos, por ejemplo, la referencia a los simulacra, de los que se vale la literatura política del siglo XVII como de su lugar común sintomático. Hoy se construye por todas partes y muy rápidamente el "bastidor" detrás del cual se esconde la realidad que sucede verdaderamente. En esto se revela la inseguridad de la época y su profundo sentimiento de ser engañada. Una época que a partir de sus propios supuestos no produce ni una gran forma ni una representación tiene que sucumbir a tales orientaciones y considerar todo lo formal y oficial como un gran engaño. Porque ninguna época vive sin forma ni puede regirse exclusivamente por la cuestión económica. Cuando ella fracasa en la búsqueda de su propia forma se apropia de cientos de sucedáneos tomados de las formas auténticas de otras épocas y de otros pueblos, pero para desechar inmediatamente al sucedáneo como inauténtico." (Schmitt, Carl. Romanticismo político)

31/1/10

Condena y Pena: Hastío

El verdugo es el pilar de la sociedad (J. de Maistre). Es cierto que a los viejos profetas del sentido común hoy simplemente se les juzgaría reaccionarios. Esto no significa que todo reaccionario sea un monumento al sentido común. En todo caso: ¿No es un atentado al sentido común la fórmula cadena perpetua revisable?
Es preferible no decir una sola palabra sobre la cuestión y, sin embargo, es preciso tomar posición contra el modo en que se fuerza el sentido común. Desde que el pudor se convirtió en patología la cloaca demuestra su salud en los lugares públicos, suele ser licenciada en ciencias de la información, vulgo periodista. La inversión que afectó al pudor, ha convertido al sentido común, según parece, en simple reacción.
(Simple reacción a un "debate televisivo").

16/1/10

Polanyi y la idea de comunidad.

La vida de Karl Polanyi (1886-1964) transcurre entre el corazón de la Vieja Europa y los Estados Unidos, a lo largo de un período que todavía pudo conocer el "soñado jardín de la cultura liberal", en palabras de G. Steiner. En efecto, disfrutaría de una parte de "la paz de los cien años" entre 1815 y 1914. Sufriría la quiebra de la larga guerra mundial entre 1914 y 1945 para hallar refugio entre Canadá y los Estados Unidos, que vetarían la entrada a su mujer a causa de su pasada militancia comunista. Huérfano del imperio austro-húngaro,  porque pese a su posición por la independencia de Hungría, es uno más de los exiliados de ninguna parte que, procedentes del viejo imperio austríaco, ya no podrían reconocer su procedencia sobre el mapa de la Nueva Europa. Emigrado a Londres en 1933, acosado por el hitlerismo, sólo en 1947 traspuso el Atlántico para ocupar una plaza en la Universidad de Columbia.
A los que no aceptamos la viabilidad de la presunta síntesis de cristianismo y socialismo la cercanía de Karl Polanyi a los círculos de cristianos afectos al socialismo podría parecernos ingenua. En modo alguno lo es, porque nada hay de ingenuidad en la obra de Polanyi, cuya indudable solidez admite, por supuesto, la crítica pero de ningún modo el desprecio o la desatención. Bastará recordar la cercanía de los hermanos Chesterton a la sociedad fabiana y al primer laborismo británico. Digamos, simplemente, que no se compadece fácilmente con nuestro socialismo cristiano, al estilo de Bergamín.
La obra de Polanyi remonta la oposición entre la filosofía cristiana y el socialismo, no tanto para lograr ninguna aufhebung, porque - como en toda obra de valor - en la posición lograda no están únicamente contenidos estos términos anteriores, sino muchísimos otros elementos a ninguno de los cuales se reduce, como tampoco a la suma abstracta de todos ellos. A partir de un material plural y riquísimo (Historia económica, antropología, economía política, teología y filosofía..), que es parte de su singular circunstancia biográfica,  Polanyi ha producido una obra de extensión breve, pero cuya intensión e intensidad tardaremos en determinar.

"El solipsismo económico generó un concepto insulso de justicia, ley y libertad en nombre del cual la historiografía moderna negó toda credibilidad a los incontables textos antiguos, en los que se declaraba que el fin del estado era el establecimiento de la rectitud, la insistencia en la ley y el mantenimiento de una economía central sin opresión burocrática.
La verdadera condición de estas cuestiones es tan diferente de la mentalidad de mercado que no es fácil transmitirla con simples palabras. En realidad, la justicia, la ley y la libertad, como valores institucionalizados, hicieron su primera aparición en la esfera económica como resultado de una acción estatal. En las sociedades tribales, la solidaridad se salvaguarda mediante la costumbre y la tradición; la vida económica está incrustada en la organización social y política de la sociedad; no hay lugar para las transacciones económicas; y se trata de impedir toda acción ocasional de trueque, ya que se considera un peligro para la solidaridad tribal. Cuando surgen las leyes territoriales, el rey-dios provee el centro de la vida comunal, amenazada por el debilitamiento del clan, al tiempo que con la ayuda del estado se lleva a cabo un enorme avance económico: el rey-dios, fuente de la justicia, legaliza las transacciones económicas, tachadas anteriormente de lucrativas y antisociales. Esta justicia se institucionaliza mediante equivalencias, se legaliza mediante estatutos y se ejecuta la mayoría de las veces  por los propios funcionarios del palacio y del templo que manejan el aparato tributario y redistributivo del estado territorial. Las normas legales se institucionalizan en la vida económica a través de los órganos administrativos que regulan la conducta de los miembros de los gremios en sus transacciones comerciales. La libertad llega a ellos mediante la ley; no hay patrón al que deban obedecer; y, en tanto mantengan su juramento al cabeza del estado y su lealtad al gremio, son libres de actuar de acuerdo a sus intereses, siendo responsables de todas sus acciones. Cada uno de estos pasos hacia la introducción del hombre en el ámbito de la justicia, la ley y la libertad fue originalmente el resultado de la acción organizativa el estado en el campo económico. Pero el solipsismo económico se olvidó del temprano papel del Estado en la vida económica. Así mantuvo su dominio la mentalidad de mercado. La absorción de la economía por los conceptos mercantiles fue tan total que ninguna de las disciplinas sociales pudo escapar a sus efectos. Imperceptiblemente, todas ellas se convirtieron en baluartes de los modos de pensamiento económicos" (El sustento del hombre)

14/1/10

Los Límites de las Ciencias Sociales /2

Volviendo a la cuestión de la potencia imaginativa de las ciencias sociales: es muy notable cómo toda multiplicación de la misma pasa por el recurso a dos fuentes reales de imaginación o inteligencia. Una de ellas es el sentido común o lo que llaman "sociología popular" (César Rendueles) en referencia a la "naturaleza praxeológica" de las ciencias sociales. La otra es la ampliación de la perspectiva a la historia universal, frente a la reductora cesura moderna que practica la sociología de pretensión científica, tal como señalaba D. Bell. Polanyi ha practicado antes una filosofía social que una sociología científica, lo que supone una perspectiva histórica universal. De ahí, acaso, la potencia imaginativa, es decir teórica, de su enfoque:


“Más allá de los mecanismos institucionales que involucra la mera coexistencia, es posible otro tipo de cambio no espectacular en el mundo humano, pero más extenso que lo que la imaginación haya concebido hasta ahora. La energía nuclear una vez liberada nunca dejará de perseguirnos. Esas preocupaciones constantes en las que tenemos puesto nuestro ser pueden alterar su dirección, cambiando desde su eje económico actual a uno que, pudiéramos llamar, moral y político. El progreso económico y el bienestar ya no serán fines supremos del hombre, sino que su lugar será ocupado por la paz y la libertad. El temor, ese arquitecto del poder, está ya dando lugar a tendencias totalitarias de una magnitud hasta ahora desconocidas. Para mejor o para peor, lo cierto es que la estructura misma del cambio está cambiando”

8/1/10

DE LA NADA, QUE AVANZA

Ese título es casi un lugar común, el desierto debiera habernos asfixiado ya. Acaso lo ha hecho. Me miro las manos, nervudas y cruzadas de v...