16/12/10

El fracaso de la sociología.

El programa racionalista y "microburgués" de elevación civil de una moral "dentro de los límites de la mera razón", o en términos comteanos: el programa de sustitución de la teocracia y teolatría - apoyadas por la teología - por una sociocracia y sociolatría - apoyadas en la sociología - puede medirse por los resultados que tenemos ante nuestros ojos. Entre Revolución y Restauración, diríamos, la sociolatría ha conducido a la Disolución en el camino del progreso. El afán progresista y reformador quizás tuviera sentido hace un siglo, cuando Durkheim escribía: 

"Estando convencidos de que el mal que sufren las sociedades europeas es esencialmente moral, estimamos que el estudio de la sociología debe aplicarse sobre todo al problema moral (...) Nuestros trabajos, nuestra práctica docente en sociología, sin circunscribirse dentro de límites estrechamente marcados, se han dirigido con preferencia al estudio de los fenómenos morales" (Durkheim 1895d:692,695)

Pero si el diagnóstico puede parecer plausible, incluso hoy, siendo muchos los que hallan en el terreno moral el mal que sufren las sociedades europeas, acaso a la luz de los resultados habría que rectificarlo. El problema de las sociedades europeas nace de una concepción de la moral laica y republicana como presunto basamento de la existencia antropológica, siendo que el problema es religioso. El enorme misterio que la religión supone para el racionalismo moderno que la reduce a ideología política y consuelo psicológico, se manifiesta en la obsesión de la sociología por el fenómeno religioso. Pero la sociología prefigura su concepción de la religiosidad y la discierne siempre de modo parcial e impotente. Al respecto sólo una nueva metafísica, que no podría dejar de contar con los siglos de nuestra modernidad, estaría en condiciones de abordar la enorme realidad de la religión histórica y, acaso así, entender - y en esa exigua medida resolver - el "mal que sufren las sociedades europeas".

8/12/10

Punto Crítico

La cuestión gnoseológico-política fundamental, que hoy sigue abierta, pregunta por la posibilidad, es decir, la realidad positiva de las ciencias del hombre. En una ocasión, el más grande filósofo español vivo me señaló la realidad de las ciencias sociales, su - al parecer - evidente positividad. Las ciencias sociales "están ahí". La cuestión radica evidentemente en determinar si su institucionalización tiene tras de sí "realidad gnoseológica" o responde a los contenidos programáticos de una posición política. ¿Podría hablarse de una matemática republicana como se habla de la índole republicana de la sociología?. Las ciencias sociales parecen haber sustituido una metafísica por otra, acaso por una antimetafísica intencional. Pero las ciencias del hombre son todavía hoy "ciencias que se buscan" como dijera Aristóteles de la metafísica, y ello pese a su patente presencia institucional, una presencia que esconde en su seno un vacío gnoseológico que hace resonar las voces de los especialistas como voces de campana. Tienen vigencia todavía hoy las palabras de Durkheim en1893.

"Nadie pone en duda la posibilidad de las ciencias naturales y físicas. Nosotros reclamamos tal derecho para nuestras ciencias"

Nadie cuestiona la realidad de las ciencias físico-matemáticas. Negamos la posibilidad, por ausencia de realidad, (gnoseológica) de las ciencias sociales. Éste es el punto crítico en que se enfrentan los programas políticos fundamentales de nuestro tiempo.

6/12/10

N(eg)atividad

La familia se deshace y rehace en cada generación y su inextricable ambivalencia está inscrita en esta infecta naturaleza.  La familia es tan imperfecta como todo lo humano o, dicho de otro modo, es infinita en el limitado sentido negativo del término. Ya tiene como semilla un vínculo (im)posible, a saber, el amor humano de dos personas incompatibles. "Ni contigo, ni sin tí, tienen mis males remedio...". 
El alegre Defensor de la fe pudo escribir: "Si los americanos pueden divorciarse por "incompatibilidad de caracteres" no puedo concebir por qué no se divorcian todos. He conocido muchos matrimonios felices, pero nunca a uno compatible. El fin del matrimonio es luchar y sobrevivir al instante en que la incompatibilidad se vuelve incuestionable. Pues un hombre y una mujer, como tales, son incompatibles"
La familia nos pone y la familia nos quita... desde el momento mismo en que nos pone. De ahí que suframos en su seno y lejos de ella, porque cuando hemos roto los lazos es cuando más nos aprietan. Como sucede con  lo que se ama, sólo el amante tiene en plenitud el derecho de odiarla: ¡qué asco de familia!.


3/12/10

Anatomía de superficie /2

El actualismo moderno de las presuntas ciencias sociales, fundamento de su superficialidad histórica y política, es patente en el contraste entre el Tomás Hobbes todavía traductor de Tucídides y el magnífico institucionalizador de la sociología francesa, Emilio Durkheim. Este actualismo converge con la intención revolucionaria de renovación del hombre y clausura de la historia. Pero es sólo un programa como programática o intencional es la ciencia social que se pretende establecida, es decir, positiva. Puedo discutir las virtudes del proyecto, son evidentes hoy sus enormes riesgos derivados de la inviabilidad de una ciencia (natural) del hombre.

"Las nuevas disciplinas (introducidas por la III república francesa en el sistema de enseñanza) comportaban el estudio científico de la actualidad y, con ello, una ruptura con la vieja universidad volcada en la rememoración del pasado, la veneración del clasicismo y el fomento de un espíritu diletante y literario.
Pera realizar tal operación se utilizaban medios muy peculiares, ya que se introducían disciplinas que estaban todavía por hacer, que carecían en su mayoría de un cuerpo de especialistas suficientemente maduros, como para que la institucionalización académica resultara una simple consagración de algo ya existente" (Ramón Ramos Torre)