8/12/10

Punto Crítico

La cuestión gnoseológico-política fundamental, que hoy sigue abierta, pregunta por la posibilidad, es decir, la realidad positiva de las ciencias del hombre. En una ocasión, el más grande filósofo español vivo me señaló la realidad de las ciencias sociales, su - al parecer - evidente positividad. Las ciencias sociales "están ahí". La cuestión radica evidentemente en determinar si su institucionalización tiene tras de sí "realidad gnoseológica" o responde a los contenidos programáticos de una posición política. ¿Podría hablarse de una matemática republicana como se habla de la índole republicana de la sociología?. Las ciencias sociales parecen haber sustituido una metafísica por otra, acaso por una antimetafísica intencional. Pero las ciencias del hombre son todavía hoy "ciencias que se buscan" como dijera Aristóteles de la metafísica, y ello pese a su patente presencia institucional, una presencia que esconde en su seno un vacío gnoseológico que hace resonar las voces de los especialistas como voces de campana. Tienen vigencia todavía hoy las palabras de Durkheim en1893.

"Nadie pone en duda la posibilidad de las ciencias naturales y físicas. Nosotros reclamamos tal derecho para nuestras ciencias"

Nadie cuestiona la realidad de las ciencias físico-matemáticas. Negamos la posibilidad, por ausencia de realidad, (gnoseológica) de las ciencias sociales. Éste es el punto crítico en que se enfrentan los programas políticos fundamentales de nuestro tiempo.

1 comentario:

Xacinto Bastida dijo...

Hechos reales del delirio: un joven de 25 años, que aún no ha terminado la carrera de Psicología, se encarga del 'tratamiento' de un hombre condenado por violencia de género; la condena de éste es precisamente ésa, someterse a la tutela 'técnica' de un sujeto con conocimientos en psicología.
La escena: un no licenciado en Psicología de 25 años, ante un maltratador de 40, para que éste pueda dar satisfacción de sus delitos. Conocer en persona al elemento de 25 años proporciona matices que pueden hacernos bordear la locura (por lo kafkiano del asunto).
Los detalles por los cuales es posible tal escena (que ni siquiera sea necesario que el joven haya terminado la carrera) los desconozco.
Como hemos dicho tantas veces, la situación es tan trágico-ridícula, que sólo podemos entenderla como el triunfo de la más burda superstición. Una idolatría más de las que suele acumular la humanidad en su recorrido histórico. Y de un peso tal, que resulta difícil vislumbrar una salida a corto-medio plazo.
La batalla durará décadas, siglos quizá.