11/12/09

Cash Nexus.

"Empezaremos por el descubrimiento de sir Henry Summer Maine en su Ancient Law (1861) de que muchas instituciones de la sociedad moderna se establecieron mediante contrato, mientras que la sociedad antigua se basaba en el estatus. El estatus, adquirido por nacimiento - por la posición de la familia y el lugar que se ocupaba en ella -, determina los derechos y obligaciones de la persona, que a su vez se derivan del parentesco (o adopción) del tótem y de otras fuentes. Este sistema de estatus persiste bajo el feudalismo, y con algunas reservas hasta la época de la igualdad de los ciudadanos, tal como se estableció en el siglo XIX. Gradualmente fue reemplazado por el sistema de contrato, es decir, por los derechos y obligaciones fijados por transacciones consensuales o contratos. Maine observó estos hechos en el curso de sus investigaciones sobre el derecho romano y los desarrolló en su obra sobre las comunidades aldeanas en la India oriental, cuyas economías sin mercado también fueron conocidas por Marx.
La influencia de Maine en el continente fue apoyada por Ferdinad Tönnies, un sociólogo alemán cuyas ideas quedan resumidas en el título de su obra, Comunidad y Sociedad (Gemeinschaft und Gessellschaft). Al principio la terminología puede parecer confusa, pero no lo es. "Comunidad" se refiere a la "sociedad de estatus" y "Sociedad" a la "sociedad de contrato".
Maine, Tönnies y Marx ejercieron una profunda influencia en la sociología a través de Max Weber, quien con mucha coherencia utillizó los términos Gemeinschaft y Gesselschaft en el sentido que les daba Tönnies, Gesselschaft para la sociedad de contrato y Gemeinschaft para la sociedad de estatus.
Para Maine y Tönnies la connotación emocional de estatus o comunidad, por un lado y de contrato o sociedad, por otro, era muy diferente. Maine consideraba la situación precontactual de la humanidad característica de edades oscuras del tribalismo y la introducción del contrato como una liberación de la sumisión del individuo a la tribu. Por el contrario, las simpatías de Tönnies se inclinaban más al calor de la comunidad que a los fríos lazos impersonales de la sociedad. Idealizaba la "comunidad" como una situación en la que los seres humanos están unidos mediante el tejido de la experiencia común, en tanto que la "sociedad" jamás se aparta de la impersonalidad del mercado y del cash nexus, como definiera Thomas Carlyle a la relación de las personas conectadas solamente por lazos de mercado.
El ideal de Tönnies era la restauración de la comunidad, aunque no regresando a la etapa preindustrial, sino avanzando hacia una forma superior de comunidad que mejoraría nuestra actual civilización. Pare él era una especie de fase cooperativa de la civilización que conservaría las ventajas del progreso tecnológico y la libertad individual al tiempo que reestablecería la integridad de la vida. Su postura, hasta cierto punto, se asemejaba a la Robert Owen y, entre los pensadores modernos, a la de Lewis Mumford. En las Democratic Vistas (1871) de Walt Whitman se pueden encontrar analogías proféticas con este punto de vista.
Las ideas de Maine y Tönnies sobre la evolución de la civilización humana se han considerado claves para estudiar la historia de la sociedad moderna. Sin embargo, durante mucho tiempo no se realizó ningún progreso sobre las pistas que ellos dejaron. Maine adscribió su tesis a la historia de la ley, incluyendo las formas comunales que sobrevivían en los antiguos poblados de la India. Tönnies reconstruyó las ideas principales de la civilización antigua y medieval con ayuda de la dicotomía "comunidad-sociedad". Ninguno de ellos intentó aplicar la distinción a la historia real de instituciones económicas, tales como el comercio, el dinero y los mercados" 
(Karl Polanyi. El sustento del hombre. 1977)

7/12/09

Notas desde el ocaso.


Notas desde el ocaso. Con matiz de declinación y acabamiento. No señala la expresión al extremo occidente, el ocaso refiere a la tierra del final, cuya raya ha pasado la vieja España. Al ocaso seguirá un ascenso, el nacimiento del tiempo nuevo. Esto parece que siempre es así, al hundimiento sigue el advenimiento, a la muerte el nacimiento, al ocaso el orto. Pero la expresión "tiempo nuevo" ya no esconde su terrible gesto, es hoy una amenaza y ya no una promesa. También es cierto que, ante el eclipse de la tradición y de la fuerza vital del viejo orden del mundo, ante la anarquía moral de nuestro tiempo de tránsito (de transición y de treinta y tantos años de transición) parece que cualquier transformación sería, de algún modo, conformación y no desastre, no sólo demolición y ruina. Temo, sin embargo, que el cuerpo muerto de la vieja comunidad universal no encierre ya más que una absoluta desolación, sin eco ni trascendencia, sin renovación y sin potencia.
Abundar y proseguir en la inquisición de la vieja naturaleza, analizar el cuerpo de la comunidad universal, asociada al nombre de una España que se quiso mucho más que nación política y sociedad democrática, mantener la escucha atenta a las voces maestras, esta labor puede no tener ya otro valor que el testimonio. Es poco o es casi nada. Es, sin embargo, todo lo que podemos hacer a día de hoy. El vigente orden  social y liberal, al que se sumarán los restos materiales de la vieja forma metapolítica, tampoco tiene ante sí horizonte alguno. Acaso en el umbral de la nada el testimonio sirva para dar razón y señalar un sentido, siempre que el lejano rumor de estas voces no se haya apagado completamente. Servirán estas notas desde el ocaso, a una labor humilde de guardianes del eco,  centinelas. Es la vocación del cabo de fila que reclama un último esfuerzo ante la inexorable y última acometida. Entre los maestros, Ortega, católico a carta cabal pese a sus soflamas laicistas y anticlericales anteriores a 1932. El primer registro para el último maestro, por voz interpuesta, la de Julián Marías: despreciado por la inteligencia triunfante. Sobre "la peligrosidad de Ortega":

"La inmensa mayoría de los discípulos de Ortega, los más representativos, más dedicados a la función intelectual, son enérgica y claramente católicos. No siempre podría decirse lo mismo de otros maestros, incluso de instituciones religiosas, sea cualquiera su buena voluntad; porque la peligrosidad puede venir también de otras potencias del alma.
Y para terminar con algo más profundo y más bello, quiero recordar que recientemente, hace sólo tres años, los mil trescientos oyentes del "cine" Barceló de Madrid han oído a Ortega decir que la definición más profunda, científica y verdadera que hasta ahora se ha dado del mundo es la que reza en la Salve: un valle de lágrimas" (Marías, J. Obras III. Revista de Occidente. 1964)

De León Bloy. (Rubén Darío 1895)


Es muy conocida la nota que sobre Bloy incluye Rubén Darío en "Los Raros", 1895. Por puro placer de evocar ejemplos. La citada nota termina:
" Robusto, como para las luchas, de aire enérgico y dominante, mirada firme y honrada, frente espaciosa coronada por una cabellera en que ya ha nevado, rostro de hombre que mucho ha sufrido y que tiene el orgullo de su pureza: tal es León Bloy.
Un amigo mío, católico, escritor de brillante talento y por el cual he conocido al Perseguidor, me decía: "Este hombre se perderá por la soberbia de su virtud y por su falta de caridad". Se perdería si tuviese las alucinaciones de un Lamennais, y si no latiese en él un corazón antiguo, lleno de verdadera fe y de santo entusiasmo.
Es el hombre destinado por Dios para clamar en medio de nuestras humillaciones presentes. Él siente que "alguien" le dice al oído que debe cumplir  con su misión de Perseguidor, y la cumple, aunque a su voz se hagan los indiferentes los "príncipes de Sodoma" y las "archiduquesas de Gomorra"; tiene la vasta fuerza de ser un fanático. El fanatismo, en cualquier terreno, es el calor, es la vida: indica que el alma está toda entera en su obra de elección. El fanatismo es soplo que viene de lo alto, luz que irradia en los nimbos y aureolas de los santos y de los genios". (Rubén Darío. Los Raros. 1895)

26/11/09

Entrevista


Entrevista a Juan B. Fuentes en relación con su notable presentación pública: La Impostura Freudiana. Encuentro. Madrid. 2009. Crítica de la modernidad, con Freud debelado.


Juan B. Fuentes. La impostura freudiana.

15/11/09

Modernidad


Van a pintar los andes de blanco... Sabemos que el mundo fue y será una tontería, pero el tango se queda irremediablemente corto y es, además, una trágica tontería. Todo ello, por supuesto, bajo el blanco manto de una explicación científica. Es el modus hodiernus.

13/11/09

Gabriel García Márquez (II)


Abundando en el asunto. Hay una anécdota con valor de categoría, que narra G. Martin (pág 257). No puede ser más significativa. Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez visitan Alemania oriental, es el año 1957 y es Leipzig. Allí vivía Luis Villar Borda, convencido militante comunista, becado en la ciudad alemana, en su universidad marxista-leninista.

"Villar Borda llevó a sus amigos a un cabaret estatal con todas las trazas de un burdel, pues había taxímetros en la puerta de los servicios, grandes cantidades de licor y parejas enfrascadas en una actividad sexual de baja intensidad. García Márquez escribió: "No era un burdel, pues la prostitución está prohibida y severamente castigada en los países socialistas. Era un establecimiento del Estado. Pero desde un punto de vista social era algo peor que un burdel". Mendoza y él decidieron que era preferible perseguir a las mujeres en las calles."

En honor de Villar Borda hay señalar una honestidad indestructible, que también manifiesta G. Martin:

"García Márquez y Mendoza le pidieron a Villar Borda que los sacara de su suplicio hallando alguna explicación dialéctica para el estado de la Alemania del Este. Villar Borda, un socialista entregado toda su vida, empezó una perorata, luego se interrumpió y dijo "Es una mierda" " (G. M. p.258)

El de Aracataca ha visto bien el problema:

"Yo creo que en el fondo de todo hay una pérdida absoluta de la sensibilidad humana. La preocupación por la masa no deja ver al individuo. Y eso, que es válido respecto de los soldados alemanes, es válido también con respecto a los soldados rusos. En Weimar la gente no se resigna a que un soldado ruso con ametralladora guarde el orden en la estación de ferrocarril. Pero nadie piensa en el pobre soldado" (G. M. p.257)

Si alguien interpreta aquí alguna forma de legitimación del alternativo paraíso del mercado, no ha entendido una palabra.
Vale.

10/11/09

Comunidad: la lengua y la madre.

Sobrellevo unas pocas debilidades que puedan publicarse, muchas son las inconfesables. Mi gusto y afinidad por la literatura de Gabriel García Márquez no parece que deba ocultarse. Es, sin embargo, para mí mismo un motivo de perplejidad. Sus posiciones políticas inmediatas me son frontalmente opuestas, y su obra periodística me disgusta. Ésta es, naturalmente, su obra más manifiesta, más apegada a la actualidad, y me es no sólo ajena, sino contraria.
Sin embargo, alguna vez he querido tematizar una honda afinidad, que se sobrepone a esa distancia de superficie. Tengo para mí que D. Gabriel es uno de los grandes nombres de la literatura española y este adjetivo es substancial o substantivo. D. Gabriel es uno de los grandes españoles de la literatura. Quiero señalar que esta adscripción no tiene ninguna intención nacionalista de apropiación excluyente. Es una afirmación para cuya discusión sería requisito previo la determinación de una idea precisa de lo que entendemos por España, y creo que es justamente esto lo que me acerca al maestro colombiano, porque la España clásica está en pie y presente de cuerpo entero en su obra, y no me refiero con esto a su gusto por la literatura del siglo de oro, que es sólo un síntoma más de esta honda afinidad antropológica con una estructura metapolítica que la monarquía católica proyectó y realizó, en buena medida.
Esto es lo que sólo un biógrafo inglés puede llegar a entender, y además a entenderlo perfectamente al revés. Por eso, acaso exclamara el maestro ante su biógrafo "no del todo sinceramente" como el propio biógrafo reconoce: "Bueno, supongo que todo escritor que se respeta debería tener un biógrafo inglés".
De ningún modo podría figurar aquí la dimensión de esta obra cuya manifestación plena - Cien años de soledad - narra un cataclismo que compromete hondamente a los españoles: el choque civilizatorio de tradición y modernidad; (léase al respecto la mentada Razón del Mundo del recientemente fallecido D. Francisco Ayala, una obra cuya gestación es contemporánea de la de Cien años de soledad.). Este biógrafo inglés es Gerald Martin pero en el espacio mitológico de D. Gabriel - y la mitología es un componente esencial de ese metapolítico orden antropológico - es ya para siempre el tío Yerald. El tío Yerald escribe en relación a la primera narración de un jovencísimo Gabriel García Márquez.

"Esta obsesión genealógica, dinástica, y la exploración paralela del universo entero (tiempo, espacio, materia, espíritu; vida, muerte, enterro, corrupción, metamorfosis) conforman una estructura lógica y sensorial que, una vez explorada y elaborada de manera explícita, en apariencia desaparecerá de la obra de García Márquez, pero de hecho devendría implícita y sus manifestaciones se moderarán estratégicamente, a fin de sacarles el máximo partido"
(Gerald Martin. Gabriel García Márquez. Una vida. Debate. Barcelona. 2009)

DE LA NADA, QUE AVANZA

Ese título es casi un lugar común, el desierto debiera habernos asfixiado ya. Acaso lo ha hecho. Me miro las manos, nervudas y cruzadas de v...