26/6/08

3. Los elementos de la Civilización. La Casa del Hombre.

Los elementos antropológicos constituyen el fondo sin fondo - Bodenlose Abgrund - de la civilización, sólo el programa de realización de la consciencia perfecta, bajo el nombre de La Razón, ha podido tratar de sacar de su fondo constitutivo la hondura de nuestra constitución. No lo logra, simplemente niega que haya un fondo, más allá de su razón.

"Sus antepasados le legaron una constitución robusta y un lugar eminente en la sociedad, y determinaron sus valores y lealtades hasta un grado hoy casi impensable. Ello se debía en parte a la estructura social de la Castilla del siglo XVI. Los lazos de parentesco son tradicionalmente fuertes en las sociedades mediterráneas, sobre todo entre las capas sociales más altas, y la nobleza castellana de fines de la Edad Media no era una excepción. Por el contrario, los desórdenes del siglo XV había fortalecido las lealtades familiares, al obligar a los grandes clanes familiares a replegarse sobre sus propios recursos. Cuando las instituciones se resquebrajan y se disuelven los vínculos de confianza social, la familia se reafirma como último refugio del individuo, y los lazos de dependencia que con ello se crean pueden tardar más de una generación en romperse. (...)
Heredó también una tradición familiar. La mayor parte de las familias la poseen, sean o no conscientes de ello. Consiste ésta, como mínimo, en ciertas formas características de pensamiento y proceder, transmitidas más o menos conscientemente a lo largo de toda una serie de generaciones." William S. Maltby- El Gran Duque de Alba. Atalanta. Gerona. 2007

2. Patronazgo y Servicio.

El patronato mediterráneo, católico en realidad, no posee la figura utópica de la sociedad sin clases, ni siquiera la de un orden fundado en valores objetivos, universalmente reconocibles, su estructura nos ofrece, sin embargo, la contrafigura de la creciente homogeneidad cuantitativa del horizonte masivo del presente. Un mundo imperfecto, sin duda, pero un mundo que puede contraponerse a nuestro paradójico horizonte sin origen ni procedencia,. A este respecto resulta enormemente complejo frente al presente, simple como el panorama desde un plano infinito, desde un océano sin costas, desde un desierto en progresión.

"Un caso aún más interesante es el de Alonso Enríquez de Guzmán. Pariente lejano y pobre de María Enríquez, don Alonso fue presentado al duque, don Fadrique, en Colonia en 1521. Fadrique lo recomendó al Emperador y obtuvo un puesto para él en la casa real, junto a la promesa del rango de Caballero de la Orden de Santiago, el cual recibió unos años más tarde. En 1524, Fadrique obtuvo su absolución de la acusación de estupro y asesinato ocasionada por un oscuro lance en la isla de Ibiza. A cambio la casa de Alba logró un ferviente apologista y quizá algo más, pues don Alonso, que llegó a Alba de Tormes tan sólo ocho días después de la muerte de Fadrique, con el evidente propósito de afirmar su relación con el nuevo patrón, fue recibido con extraordinaria cortesía debido, como lo expresa él, "a anteriores servicios y relaciones". Fernando le situó en su aposento, puso su cama a los pies de la suya propia, y le trató con "mucho cariño, benevolencia y honra". Cuatro días más tarde don Alonso cayó enfermo y, tras veinte días de recuperación y muchos presentes, fue despedido con una nueva muía (!) y diez mil maravedíes".
Este tipo de generosidad era tan típica como esperada. Si se ofrecía con discreción, permitía que un hombre sirviera a otro sin vergüenza, y con la certeza de que sus servicios serían recompensados. Era, en efecto, la argamasa de la relación clientelista, y el nuevo Duque de Alba, no obstante su severa personalidad, era un maestro en el delicado arte de congraciarse y recompensar.
Es difícil trazar la extensión precisa del patronazgo de Fernando, pero era innegablemente amplio. Empezando con parientes, servidores y dependientes heredados de su abuelo, se expandía gradualmente para incluir soldados, hombres de la iglesia y burócratas, hasta que, al final, toda clase de personas, desde virreyes a humildes aldeanos, esperaban su asistencia.Todos ellos estaban, desde luego, dispuestos a ofrecer valiosos servicios a cambio. Su buena voluntad era imprescindible para el hombre ambicioso; pero incluso si no lo fuera, su dependencia imponía una inmensa carga moral que no podía menospreciarse a la ligera.
El no ocuparse de ellos y derivar hacia una vida de placeres privados era impensable; hacerlo habría supuesto negar la esencia de su noble rango como entonces se entendía. Pero mantener un sistema clientelista no era cuestión fácil. Entre la correspondencia del duque se cuentan innumerables cartas de recomendación, peticiones de trabajo, de recompensas y, en general, de la protección que formaba parte de sus funciones, mientras el caso de Alonso Enríquez de Guzmán, adecuadamente multiplicado, indica que aquello exigía no sólo una paciencia infinita, sino una pródiga bolsa.
El problema estribaba en que el clientelismo era esencialmente una vía sin retorno. Una vez embarcado en la carrera de patrón, no había modo de volver atrás. Para poder atender a sus amigos, los nobles habían de incrementar su influencia en la corte, que era la fuente primera de patronazgo. (...)
Una fuerte tradición familiar le impulsaba hacia una carrera de servicio, y también su posición social y las necesidades de sus dependientes. Cuando, en el año de la muerte de don Fadrique, el emperador hizo un llamamiento de voluntarios para expulsar a los turcos de las puertas de Viena, Alba fue uno de los primeros en ofrecer sus servicios. Su entusiasta respuesta tenía sus raíces en un espíritu de hidalguía y en su odio al infiel, pero también en algo que se asemejaba mucho a la necesidad. Sólo mediante su proximidad al emperador podía velar por los intereses de su casa, y a los venticinco años poco podía justificar dicha proximidad si no eran su nombre y su espada" William S. Maltby- El Gran Duque de Alba. Atalanta. Gerona. 2007

1. Patronazgo. Asimetría y Fraternidad.

Frente a la moderna holización u homogeneización cuantitativa del orden social que ha laminado cualquier signo de diferencia, juzgando peyorativo todo servicio, puede tratar de determinarse la forma de una comunidad en que el "más valer", la diferencia entre el mayor y el menor, no suponga ofensa y humillación. Naturalmente humildad y fidelidad son virtudes fundamentales de una sociedad semejante. Nietzsche escribió, (la cita no es literal) son pocas las naturalezas nobles que no saben vivir sin venerar. El hombre moderno que ha hecho de la soberbia su emblema, es decir, del orgullo luciferino, iluminado o ilustrado, ni siquiera puede entender la dignidad del servicio como no conoce la humildad del mando. Soberbia de comerciante y hombre rico.

Veamos:

"En primer lugar estaba su casa. No existe una relación completa de los gastos de ésta (...). Durante los años centrales de su vida, formaban parte de la casa del duque 69 hombres y 21 mujeres, cuyos salarios sumaban más de 9.600 ducados al año. Entre ellos se encontraba su mayordomo Juan Moreno, un tesorero, un secretario, no menos de 12 pajes. Además mantenía seis médicos y un cirujano, junto a dos boticarios y un auténtico ejército de capellanes, dentistas, bordadores, cocineros , panaderos, amasadores, sastres, cocheros, heraldos y un chico negro para los recados. También la duquesa disponía de su personal, entre ellos, un famoso jefe de cocina, su propio platero y su bufon, Juan Martín de Villatoro. Era en total alrededor de cuarenta, y sus salarios suponían otros 4.000 ducados anuales, sin incluir el mantenimiento de sus 18 esclavos. Los alimentos y bebidas para toda esta multitud se enumeraban en una cuenta aparte.
Estos gastos, exorbitantes como pueden parecer, estaban impuestos por la necesidad y no por la vanidad; si el duque hubiera tenido un interés serio en la caza o la música, habrían sido mucho más elevados. Como en cualquier institución, la estructura de esta casa quedaba determinada por su función y sus circunstancias físicas. El aislamiento geográfico exigía que fuera en gran medida autosuficiente y con bastante capacidad para proporcionar hospitalidad a viajeros de alcurnia junto a sus séquitos. Como centro regional económico y administrativo, ofrecía una serie de servicios a la totalidad de la comunidad, así como alojamiento temporal para todos aquellos que se trasladaban por asuntos de la propiedad. Era, además, núcleo de un círculo mucho más extenso de partidarios, personas dependientes y parásitos, que resultaban costosos, pero eran necesarios si había de mantenerse la influencia de la familia. Como otros clanes poderosos, la casa de Alba se hallaban en la cima de una pirámide de relaciones clientelistas, cuyo funcionamiento interno queda algo oscuro. Los historiadores conocen desde hace mucho tiempo la existencia de dichas estructuras, particularmente en el mundo mediterráneo, pero su análisis ha resultado siempre sumamente difícil. Parece evidente que éstas tenían una tremenda importancia en la vida cotidiana de todas las personas, exceptuando tan sólo a los más indigentes, pero su carácter mismo ha impedido la comprensión de cómo funcionaban. Eran, ante todo, relaciones personales, fundadas en un sentido de obligaciones mutuas y, por consiguiente, en un tipo de correspondencia que raramente, o nunca, quedaba registrada en documentos expresos. A diferencia del sistema feudal, con el que en ocasiones se le ha confundido, el clientelismo no tenía categoría legal alguna, pero estaba firmemente apuntalado por necesidades de tipo práctico y, probablemente, también por fuertes presiones sociales. Como mínimo, se hallaba sancionado por la extraordinaria prioridad adjudicada a la lealtad en los sistemas de valores medievales y por una inmemorial costumbre. El patronus y su clientela habían constituido un rasgo generalmente observado en la vida de la antiguedad.
En su forma más simple la relación suponía que el poderoso se hacía cargo de la protección del débil a cambio de su fidelidad y ciertos servicios. Éstos podían tener carácter económico, político e incluso personal (...). Sería tentador afirmar que la fuerza del clientelismo residía en la relativa debilidad de las instituciones oficiales, pero su pervivencia hasta la época actual lo hace, al menos, discutible" William S. Maltby- El Gran Duque de Alba. Atalanta. Gerona. 2007

19/6/08

La Carne y el Espíritu

Es sabido que el griego psyque que nombra el alma humana, significa también mariposa. Un amigo me señala a la más terrestre de las aves, la más inmediata y cotidiana, en la forma de los siguientes versos de D. Claudio Rodríguez.

GORRIÓN

No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión que pudo
volar pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.

25/5/08

Sr. García, Manolo.

Algunos carecemos de sensibilidad artística. No se piense que esto constituye privación alguna, sino al contrario, porque hemos aprendido que todo fenómeno encierra una maravilla, que todo instante es poético y por eso es vana la distinción entre la vida del poeta y la vida del común, entre la sensibilidad artística y la sensibilidad humana. Otra cosa es el arte, cuya habilidad requiere de un laborioso ejercicio (y lo cierto es que tampoco es fácil estar continuamente al tanto del fragor milagroso de lo cotidiano.) No es que haya ideas trascendentes del pelo, el barro y la basura, es que estas son asombrosas realidades. Aún diré más: si pavoroso y pleno es el mundo, lo es más el frágil junco capaz de contemplarlo. Pretender hacer de su obra llamada artística, de la obra de arte, un objeto de compromiso es de una ingenuidad soberbia. Dicho de otro modo: pensar que el arte ha de ser comprometido es una ingenuidad "porque nadie sabe del todo lo que ejecuta". No me resisto a la cita. Escribió Borges en 1975: "Empiezo por divisar una forma, una suerte de isla remota, que será después un relato o una poesía. Veo el fin y veo el principio, no lo que se halla entre los dos. Esto gradualmente me es revelado, cuando los astros o el azar son propicios. Más de una vez tengo que desandar el camino por la zona de sombra. Trato de intervenir lo menos posible en la evolución de la obra. No quiero que la tuerzan mis opiniones, que son lo más baladí que tenemos. El concepto de arte comprometido es una ingenuidad, porque nadie sabe del todo lo que ejecuta". Las artes parecen haber resultado al desprenderse el arte del pintor, el músico o el poeta... de las actividades comunes, sustantivándose sus obras al afirmarse por sí mismas en cuanto productos de un Arte que empezaría a escribirse con mayúsculas: el arte por el arte. Las artes tradicionales estaban de suyo comprometidas, el Arte moderno buscará, a veces, un dislocado compromiso. Pero entonces y ahora nadie sabe, del todo, lo que ejecuta. Ignorante en materia artística, disfruto la música de Henry Purcell y dejo de gustar de lo que suena a partir del siglo XVIII, difícilmente disfruto de un arte que parece hecho para ser entendido, obra de esforzados individuos en el arte de entenderse porque carecen de norma que los constituya, al respecto la clave puede hallarse en la carta de Kafka a su padre y su notable lamento: Ich habe niemals die Regel erfahren ("Nunca me han dicho cuál es la norma"). Pero aparece ahora un músico popular de enorme éxito (ese enorme éxito lo hace tan significativo) y me obliga a confesar dos pecados fundamentales que esconden su asqueroso rostro bajo lo que llevo escrito; el primero es pecado de soberbia: la propia del tonto letrado que cree que se sitúa lejos del tráfago del mundo moderno y señala al pasado como único lugar de la presencia, pronunciando oscuramente el viejo odi profanum vulgus et arceo. La memez del intelectual, que uno creía siempre lejos de sí mismo. El segundo es su inseparable y horroroso correlato: desesperación y pesimismo que impiden hallar a día de hoy, en el mismo presente que nos ha sido regalado, no ya vestigios o ruinas, sino formas plenas del sentido del mundo u hombres capaces de manifestarlas.
Todo esto para decir que Manolo García ha publicado canciones nuevas y hacer al respecto un par de consideraciones. En primer lugar que nunca había oído yo declaración política alguna de su parte, singularidad en un mundo - éste del arte - de activistas y militantes comprometidos. Ahora, sin embargo, incluye un gesto de compromiso que no es propiamente político, sino antropológico. Escribe: "Creo que va quedando claro que no basta con "cerrar el grifo o ducharse en vez de bañarse", con "separar el vidrio y el plástico". La cosa va mucho más allá. Por ejemplo, y sólo es una entre las miles de causas del problema, la forma en que nos hemos ido acostumbrando (y nos han ido acostumbrando) a entender progreso y confort. Como ya sabemos, para conseguirlo un 20% del planeta estamos destruyendo el planeta entero. Y en mi opinión, encima, ni progresamos ni somos felices". [Añade un instrumento de afiliación a un amplio conjunto de grupos ecologistas: con cualquier entrada a unos de sus próximos conciertos podrá su público hacerse socio durante un año de alguna de las mencionadas asociaciones]. Comparto su alarma. Ahora bien, no conozco asociación ecologista alguna - ya la idea misma de "ecología" deja clara la posición - que no posea una comprensión naturalista del hombre y, por lo mismo, que no se sitúe en un universalismo abstracto desde el que se contempla un presunto género humano, asumido además como género anterior, es decir como especie humana biológica. Una perspectiva característicamente moderna. Pero lo que tenemos no es un problema ecológico sino histórico o político cuya profundidad ataca ya a los elementos antropológicos de la civilización que están siendo tomados y descompuestos por el desarrollo histórico de un orden ya multisecular, que designamos con el título breve de modernidad. Ataca a estos elementos en sus dos costados, destruye el mundo porque desarticula aquel citado junco que lo contempla, deshace el mundo porque quiebra la comunidad que lo soporta y no la recíproca. En este terreno nada tienen que decir las asociacones ecologistas pero dice mucho el artista que no parece saber todo lo que ejecuta. Dice mucho una canción pequeña que describe, nada más y nada menos, que una pequeña tienda (¿qué mejor contrafigura del infierno de las grandes superficies?). Dice:

"Hay sobre las puertas agrietadas
cruces de pita seca.
Y en aleros desconchados
cuelgan mazorcas regadas de alberca.
Y yo me siento ante la mesa vieja
frente al paisaje

a contemplar; a regentar tu tienda
y fluir con la tarde.

Hay sobre las puertas que han vivido

otras manos, otros roces, otras dichas,
y en sus despintadas vetas,
dignidad de rincón tibio, de cueva
de taberna.

Es tu figón, tu pequeña tienda.
Y yo me siento ante la mesa vieja
frente al paisaje
a contemplar, a regentar la tienda

y fluir con la tarde (...)"

Me permito poner en continuidad palabras de E. Jünger: "Este es el lugar donde cambian de dueño objetos que durante muchos años, durante decenios y siglos han estado llevando una vida soñolienta en las familias y en los hogares- Afluyen de las habitaciones, de los desvanes, de los tasteros y traen consigo recuerdos anónimos. El mercado está repleto de irradiaciones de los lares". Cada vez es más difícil encontrar mercados y tiendas semejantes.

En fin, me limito a señalar una canción que García ha titulado "Saldremos a la lluvia", con un estribillo que podría convertirla en himno, dice un fragmento:

"...sobre la superficie caminamos;
que sobre la superficie nos salvamos.
No sólo pueden ellos. Y mejor si no hay motores
Tenemos velas.
Bajo nosotros, los huesos y las piedras
que son los sedimentos de nuestra incierta gloria.
Y si llueve saldremos a la lluvia
a vaciar el semillero de sonrisas
y esperar cosecha. En la silla de parar las prisas.
Tanto correr, tanto asentir, tanto quemarse...
El viento traerá nuevos encuentros,
amores nuevos y una vida dulce,
más plena cuanto menos soberbia..."

En fin, lo dejo aquí entre la agonía y la esperanza.

14/5/08

Escolios I

La voz del lacónico es más poderosa que el continuo eco del locuaz. Pocos maestros de la concisión como D. Nicolás Gómez Dávila. Aquí queda como un regalo a los amigos y como un pozo en el desierto del mundo.

- El alma crece hacia adentro.

- La vida de la inteligencia es un diálogo entre el personalismo del espíritu y el impersonalismo de la razón.

- La convicción del predicador sucede a la prédica

- Cristo es el objeto de la tradición evangélica, pero sólo la tradición evangélica puede ser objeto del historiador.
El aparato para percibir el objeto de la tradición evangélica no es la historia, sino la Iglesia.

- El hastío no es fruto de la posesión prolongada, sino el contacto fugaz con mil objetos.

- Una existencia feliz es tan ejemplar como una virtuosa.

- La pobreza es la única barrera al tropel de vulgaridades que relinchan en las almas.

- El Renacimiento, el Aufklärung y la tecnocracia son hijos indiscutibles del cristianismo.
Hijos crecientemente siniestros que engendra en la esperanza cristiana el olvido del pecado original.

- Los programas políticos actuales son ideologías de una mentalidad que culpa de los problemas que la angustian a las "estructuras sociales" que detesta, para ocultar que son producto del desarrollo técnico que admira.

- Los que denuncian la esterilidad del reaccionario, olvidan la noble función que ejerce la clara proclamación de nuestro asco.

- El espíritu engendra en la angustia; pero sólo en la dicha no aborta.

- Que rutinario sea hoy insulto comprueba nuestra ignorancia en el arte de vivir.

- De los seres que amamos su existencia nos basta.

- Que ciertos hombres auténticamente grandes nos irriten se debe a los admiradores que tienen.
Pero nadie es totalmente inocente de los admiradores que conquista.

- Antipatía y simpatía son las actitudes primordiales de la inteligencia.

- La idea no es un espectro, sino un cuerpo verbal, denso, sonoro, luminoso.

- El revolucionario no odia porque ama, sino ama porque odia.

- Cuando hoy nos dicen que alguien carece de personalidad, sabemos que se trata de un ser sencillo, probo, recto.

- El moderno ya sabe que las soluciones políticas son irrisorias y sospecha que las económicas lo son también.

- La ley es el embrión del terror.

- Sólo profanos y catecúmenos creen en la importancia de la instrucción.
Todo pedagogo es furtivamente analfabeto.

- Cuando definen la propiedad como función social, la confiscación se avecina; cuando definen el trabajo como función social, la esclavitud se acerca.

10/5/08

Profanación ostensiva.

A menudo se señalan expresiones burladas, en este reino del eufemismo y la equivocidad. Algunas están de actualidad, otras, menos evocadas hoy, jamás tuvieron sentido ni referencia, entre éstas por ejemplo: democracia participativa. Pero encuentro una que resulta como una forzada mueca trágica, de risa aterradora, en un mundo sin horizonte que conoce más muertos por suicidio que por accidentes de tráfico. Me refiero a la expresión fiesta popular. Ya el adjetivo es un índice de corrupción del pleno y absoluto substantivo fiesta, que nunca ha podido tener sentido al margen de la comunidad. El adjetivo popular resulta, en efecto, un reclamo de autenticidad exigido por la impostura masiva de ciertos actos de democracia participativa. A las tantas de la madrugada, envuelto a mi pesar por un acto de esta índole, en el que los ciudadanos gozan de su democrático esparcimiento...

DE LA NADA, QUE AVANZA

Ese título es casi un lugar común, el desierto debiera habernos asfixiado ya. Acaso lo ha hecho. Me miro las manos, nervudas y cruzadas de v...