12/9/09

Obturación

Cerrar una vía, negar salida. Esa es nuestra situación: obturados, detenidos, bloqueados. La aporía es fundamental, absoluta, plena. Pujamos para abrirnos paso, pero el resultado contribuye a nuestro fracaso. Nada substancial y consistente, somos nadie. Nada ha de ser, ni guardamos memoria de lo que haya sido, apenas en el umbral del instante somos. En el mundo actual cualquier persistencia es ya un triunfo, una victoria en la lámina breve de la esperanza: quebradiza, liminar, ajustada. Abrir los ojos cada mañana con el asombro de seguir siendo un día más el peso del cuerpo heredado, la lengua que otros hablaron, el hábito adquirido y fosilizado. Sin herrumbre, sin esclerosis, luminosa y nueva arquitectura del día reciente y blanco. Para nada, para reiniciar el mismo tránsito: décadas de seguir trillando la vieja parva y el mismo grano. Nada luminosa, luz en blanco. Que Dios me aguante en la firme palma de su mano.

5/9/09

Izquierda Eterna

La izquierda realista y naturalista ha hecho de la adaptación su única guía de acción política en todos los terrenos. Desmoralizados, ceden y desisten ante cualquier esfuerzo por realizar cualquier norma. No en vano han juzgado toda norma superestructural o sustitutiva pseudosatisfacción de nuestro deseo - según incidan más en el marxismo o en el freudismo -. Por ello es paradigmático el caso de la prostitución, contra la que ya no sirve luchar, sino  que debiéramos asimilar. Es efecto, es una realidad a cuya presencia hay que adaptarse, sin tratar de vencerla como si la juzgáramos intrínsecamente mala. Es la elevación plena de la realidad a norma, no otra cosa es lo que hemos llamado a veces facticismo... De hecho, los señoritos incluso deciden que estamos ante trabajadoras sociales que mantienen la salud sexual de nuestra población. Se trata de la máscara más servil del nihilismo moderno.

3/9/09

Leyendo a Hermann Broch

La soledad es la cualidad característica del individuo, ese invento moderno. En los actualísimos idiomas la individualidad se identifica con la personalidad, da un poquito de asco cómo se utiliza "personal" como sinónimo de "individual". Si algo niega (dialécticamente) al individuo es la persona o, dicho de otro modo, una persona plena devendría un arquetipo singular (una forma universal, un tipo, una figura) carente de cualquier componente individual. Es una idea límite y nadie es persona perfecta, a ella se aproximan algunos finados egregios, y son precisas ambas condiciones: antonomasia y muerte. Los demás mortales nos abandonamos a nuestra individualidad en el triste espacio de nuestra intimidad. Espacio infeccioso como señala la afinidad semántica: "tomar", "tumor"..."intimidad".
La paradoja radica en que la persona crece en el fértil mantillo de la comunidad que lo trasciende y lo realiza y el mantillo - esto no puede olvidarse - resulta de la descomposición, fermentación y putrefacción de la materia orgánica superficial. No digamos más.
En este contexto se hace visible la relevancia de la construcción de tipos, arquetipos o caracteres - diríamos "personas" en un sentido que desborda su génesis trágica - al modo en que se han desarrollado desde Teofrasto a Canetti.

10/8/09

Mario Quintana

Será quizás sólo uno, pero se que entre mis amigos alguno no ha leído a Mario Quintana. La magnífica traducción es de Enrique García-Máiquez.


Para Athos Damasceno Ferreira

Estou sentado sobre a minha mala
No velho bergantim desmantelado...
Quanto tempo, meu Deus, malbaratado
Em tanta inútil, misteriosa escala!

Joguei a minha bússola quebrada
Às águas fundas... E afinal sem norte,
Como o velho Sindbad de alma cansada
Eu nada mais desejo, nem a morte...

Delicia de ficar deitado ao fundo
Do barco, a vos olhar, velas paradas!
Se em toda parte é sempre o Fim do Mundo.

Pra que partir? Sempre se chega, enfim...
Pra que seguir empós das alvoradas
Se, por si mesmas, elas vêm a mim?


(Sentado sobre mis maletas)

Para Athos Damasceno Ferreira

Estoy sentado sobre mis maletas
en este bergantín desmantelado...
Cuánto tiempo, Señor, malbaratado
en escalas inútiles e inquietas.

Me encontré con mi brújula imantada
y ahora, en alta mar, sin norte o puerto,
como el viejo Simbad de alma cansada,
no abrigo ni el deseo de estar muerto.

¡ Oh, quedarme tendido en lo profundo
del barco y ver sus velas desinfladas!
Si en cualquier sitio es siempre el fin del mundo,

¿Por qué viajar? Se llega siempre a aquí...
¿Para qué perseguir las alboradas
si ellas solas, sin más, vienen a mí?
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Esconderijos do tempo

Pela corola do gramofone
o Caruso cantava Una Furtiva Lacrima
e ninguém levava a mal aquele tom fanhoso,
talvez porque todo o mundo sabia que ele já estava morto.
Se alguém espiasse pela goela do gramofone,
poderia ver como era o Outro Mundo,
mas ninguém olhava porque devia ser muito, muito longe
a ponto de estragar o som daquela maneira.
E o pobre Caruso cantava que te cantava afogado pelas
águas do tempo
e por isso a sua voz era ainda mais pungente:
nao é brinquedo estar morto e continuar cantando.
Caruso, en estou pensando estas coisas nâo aqui e agora
mas naquele Café que tu sabes, lá por volta de 1923...
Também nâo é brinquedo continuar vivo e ficar falando
para o que passou!

Escondrijos del tiempo

Por la corola del gramófono
Caruso cantaba Una Furtiva Lacrima
y a nadie le chocaba aquel tono harinoso,
tal vez porque la gente sabía que él ya estaba muerto.
Si se asomase alguno por la abertura del gramófono
podría ver cómo es el Otro Mundo,
pero nadie miraba porque debía estar muy, muy lejano
hasta el extremo de enturbiar la música de aquella forma.
Y el pobre Caruso cantaba que te cantaba ahogado por
las aguas del tiempo
y por eso su voz era aún más punzante:
no es una tontería estar muerto y continuar cantando.
Caruso, estoy pensando estas cosas no aquí ni ahora,
sino en aquel café que tú ya sabes, allá por 1923...
Tampoco es una tontería continuar vivo y seguir hablando
de lo que pasó.

(Mario Quintana. Puntos suspensivos. Los Papeles del Sitio. Valencina (Sevilla). 2007. Traducción de E. García-Máiquez)

28/7/09

Más allá de la lucha de clases.

Algunos de nosotros logran habitar en un plano suficiente. Caminan erguidos, templan su voz sin desquiciarla en grito, figuran ademanes lentos y precisos... junto a ellos malvivimos los otros: sudorosos, simiescos, enfermizos... somos los más, plétora grande de la "ciudadanía", que nos titulan hoy nuestros careas gobernantes. De estos, a su vez, una amplia mayoría disfruta de los hiatos de su tedio: uno cada seis días, quince días al año y, aún, en ratos que llaman muertos; como si disfrutaran en otro tiempo de algo que pudiera llamarse vida. Esta plaga numerosa de los abundantes cunde en las ciudades. No me detendré a describir su aspecto - otrora dispar - hoy cada vez más homogéneo. Basta abrir los ojos para conocernos, damos su forma a nuestro tiempo. La diferencia con respecto a la casta grande es creciente, ha alcanzado con la democracia liberal el grado de la diferencia entre dos especies biológicas, vagamente afines. La vieja lucha de clases resulta hoy una pseudobiológica lucha por la existencia. Más allá de lo que se llamó darvinismo social y del conflicto entre clases, es una guerra sin ecos de batalla, un enfrentamiento ultramoderno: higiénico, dialógico, adormecido. No se deja ver, de hecho, en la calma chicha del orden social. Aquí persistirá, yo no lo niego, la lucha económica de clases. Digo, sin embargo, que no conforma el presente actual del antiguo occidente. Su figura nos la da antes esta eterna batalla silenciosa que conoce ya una muchedumbre de caídos. Pugna tenaz entre el nihilismo pleno y las formas defensivas de psicoterapia: psicodrama e integración vital, pensamiento positivo y Nueva Era, técnicas de autoestima y vida sexual satisfecha... caben miles de formas de esta resistencia vencida.
Vencida pero aparantemente orgullosa, la facción de los afirmativos nos mira con desdén. Pero conocemos su fuste carcomido, el eje de su verticalidad tomado por la nada. Por ello podemos reconocer como propios, análogos remotos, a los hombres del gesto pleno, de la mirada entrante, del sentido definido y el horizonte amplio. Los más astutos los contemplan como los señores, los más nobles sólo como usurpadores y falsificadores de moneda... pero la nobleza es ya un obstáculo. De hecho trasciende la distinción aludida y aparecen nobles de vieja forma entre los unos y entre los otros. Podría aconsejarse la castración terapéutica de estos nobles marginales y la disfunción quedaría contenida. Sería la perfecta victoria de la facción hegemónica del nihilismo ultramoderno.
Una atmósfera paradójicamente irrespirable satura el aire. No hay ni siquiera un sitio donde arrodillarse. Durante largos años quedó, como una salida aún honorable, un retiro humilde, una silenciosa retirada a un espacio propio. La posibilidad de una tal emboscadura se ha cerrado para siempre: no quedan restos de esos afanes claros en horizontes bien acotados, no quedan umbrías en el paisaje arrasado, desolados campos, calcinados senderos indiferenciados que cierran todo rincón donde reposar las rodillas, hundiendo la estatura ante la bella imagen del mundo. Y es tan importante doblegarse, hundir la cabeza entre los hombros, respirar lentamente y ofrecer las manos para que sean acogidas por las manos de Otro. Es la figura que compone el hombre que verdaderamente afirma, sin máscaras de risa amplia o tacto joven, que afirma impotente sin la soberbia vana del pensamiento positivo y del psicodrama. Rodillas en tierra, cabeza baja, manos alzadas y en torno una gloriosa nada: silencio, apenas aire y el vago murmullo de la creación. Sólo entonces, sin origen ni procedencia, unen tus manos, una con otra, las manos de Alguien.

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