16/8/11

Investigaciones Científicas

Dos ejemplos tomados, sin buscar demasiado, de un manual de nuestro tiempo. Se recomienda no hacer en casa ejercicios como los siguientes, que están ejecutados en condiciones de seguridad y bajo la supervisión de especialistas.
1.
“Se sobreentiende que las directrices decisionales sobre cómo debe ser normativamente una política se toman en el ámbito político”.
Se sobreentiende que “directrices decisionales” equivale a simples decisiones y que si algo debe ser de un modo y no de otro, deber ser así “normativamente” porque en otro caso no debería ser así, sino que, simplemente, lo sería. Podríamos añadir que lo sería “fácticamente” para ser más “académicos” en el actual sentido de esta bella palabra que – recuerdo a G. Bueno – puede que signifique solamente “universitarios”.
Sobreentenderemos que las decisiones políticas son las que se adoptan en el ámbito político, aunque no tengamos claro si “ámbito político” aquí es o no sinónimo de Estado.
2.
“En este sentido, si se consideran los actores como objetos empíricos, el análisis estratégico se convierte en una mera descripción de situaciones particulares. Si los actores son realidades primarias o esenciales, el análisis estratégico deberá constituirse a partir de una metafísica de la libertad. Si son otra cosa – combinaciones, por tanto, de situaciones sociales particulares – es imposible pensar en definirlos con independencia del contenido de las posiciones sociales que ocupan. Es imposible, por tanto, pensar en analizar los procesos en que los actores se encuentran implicados a partir de la idea de que estos procesos consisten en un puro intercambio, ya que las modalidades de este intercambio dependerán, en definitiva, de los puntos de encuentro de los actores sociales en la estructura social, y su mensaje dependerá más de la información transmitida que del código utilizado”
                Por actores debemos entender señores que participan en su calidad de funcionarios del Estado o de trabajadores de empresas privadas – subordinadas o subcontratadas para realizar una función prescrita por el gobernante –. O bien a algún sector del funcionariado o a la empresa o empresas en cuestión. Estos actores pueden ser juzgados libres o no. Esto – en la jerga – se dice: “Si los actores son realidades primarias o esenciales, el análisis estratégico deberá constituirse a partir de una metafísica de la libertad”.
También pueden juzgarse no libres u “otra cosa”, entendemos otra cosa que libres o que realidades primarias o esenciales. Los sujetos que llamamos actores se definen, entonces, por la posición social que ocupan, posición que les determinaría negando, al parecer, su libertad. Todo ello si suponemos que el escritor de estas líneas supone que libertad equivale a ausencia de determinación, según una muy superficial “metafísica de la libertad” que, pese a su superficialidad, está muy extendida (lo que es razón de nuestra suposición).
                En fin, que si los actores no son libres o, mejor diríamos, absurdos, sino que sus decisiones están motivadas, en alguna medida, por su posición social entonces su relación con otros no podría concebirse como “puro intercambio” sino que el intercambio – o la relación – dependerá de las posiciones sociales ocupadas por estos actores. En este caso el mensaje, que en la relación se transmite dependería – no me pregunten por qué – más de la información que del código utilizado en la comunicación, supongo que se quiere decir que la relación depende más del contenido de la misma que de la forma en que se transmite ese contenido.

Nota aclaratoria.
La lectura de estos textos produce inicialmente, en los que somos de natural humilde, un efecto depresivo, derivado de nuestra tendencia a considerarnos intelectualmente incapaces, gente sin luces o de pocas entendederas. La madurez consiste en la afirmación propia alcanzada con esfuerzo, merced a la lectura de otros textos cuya comparación con esto es casi ofensiva. Esa madurez nos permite llamar a las cosas por su nombre y juzgar esta verborrea simple estupidez. La claridad es mucho más que mera “cortesía del filósofo”, que dice Ortega. La oscuridad, por el contrario, es el requisito de esta impostura.

13/8/11

Apunte

Una nota exacta de Franz Kafka sobre la Ortodoxia del Magister Laetus:

"Chesterton está tan contento que se diría que ha encontrado a Dios... en estos tiempos impíos hemos de estar alegres. Es nuestro deber"

12/8/11

Narciso vandálico y triste.

¿Lucha de clases?. Cómo seguir hablando de lucha de clases en la atmósfera de un egoismo "microfísico, capilar y disperso" en la que un individuo puede aprovechar el tumulto para apedrear un restaurante de comida rápida, porque se opone a sus ideitas relativas a la forma más adecuada de alimentación. O donde una atleta olímpica logra un nuevo móvil por la vía directa de tomarlo de un escaparate, tras destruirlo. O donde un profesor se apropia un nuevo televisor de forma semejante. O donde, finalmente, una joven millonaria hace su justicia expeditiva, no en nombre de clase alguna, sino en su propio nombre, desvalijando la correspondiente tienda. Es notable que sean determinados aparatos electrónicos y bebidas alcohólicas los objetos preferentes del robo en masa.  
Hablar de "clases" se hace difícil en este ambiente no ya de radical nominalismo, sino de descomposición sin elementos, de manera que ya no es cuestión el desvanecimiento de toda subjetividad, sino que los elementos presuntos del presunto inconsciente se disuelven enteramente en relaciones volátiles, en fluctuantes proporciones movibles, donde no queda espacio alguno para la atribución de responsablidad. Es el irrespirable ambiente ultramoderno.
 La prensa liberal presenta estos casos como modelos de vandalismo enteramente ajeno a la necesidad económica. Olvida que la idea de "necesidad básica" es una residuo naturalista que no tiene valor alguno y que es cierta concepción del deseo,"vandálica" de suyo, sobre la que ha venido trabajando el mercado pletórico de nuestro sistema económico. Por su parte, los nuevos críticos críticos de este nuevo capitalismo han asumido tan bien la lección que han elevado una indefinida, ubicua y, por supuesto, inconsciente potentia gaudendi a la categoría de realidad subyacente al fenómeno económico.
Hace décadas Charles F. Kettering, de General Motors, sabía que la viabilidad de la nueva economía dependía de la producción de un sentimiento de insatisfacción generalizado. Pues ahí está.

"La clave para la prosperidad económica consiste en la creación organizada de un sentimiento de insatisfacción" 
(Charles Franklin Kettering, citado en Sánchez Ferlosio, Rafael. Non olet. Destino. Barcelona. 2003)

8/8/11

Espiritualidad Occidental.

Hoy la norma ávida del mercado desatado dirige nuevamente su apetito a nuestra deuda, avalada por los países del norte, a través del BCE. Mañana nos encontraremos - sin posibilidad de previsión y sin medios de defensa - ante un nuevo envite de dejación, y nuestro amorfo rostro de consumidores satisfechos mostrará otra vez su gesto de alarma al ver peligrar su "calidad de vida" descalificada. Solución política no encuentro, porque no deseo ser profeta de algún mal, aunque sea menor.
Acaso reiterar una norma de elemental resistencia, en la que cifro en mi propio fuero la raíz esencial de Europa: aproximarse, unirse y permanecer juntos. Esta es la única muralla (katechon) ante el enemigo fundamental. En el mundo oceánico de las inmensas distancias, en el mundo del comercio y la espada, este elemental gesto de proximidad y reconocimiento puede resultar revolucionario por tradicional. Este contenido esfuerzo que asimila lo ajeno por continuidad inmediata, es la actitud básica de la existencia comunitaria. Pero esta proximidad pide soledad y retiro, y sólo así puede fundar una comunicación renovada. Estoy hablando de una comunidad de singulares, convivencia de solitarios, que ya sirvió de cerco ante el avance de la barbarie en otro tiempo.

"Pues aunque esté cercado de hombres buenos o de hermanos devotos, o de amigos felices o de libros santos, o de tratados hermosos, o de cantos suaves e himnos, todo aprovecha poco y tiene poco sabor cuando soy desamparado de la gracia y dejado en mi propia pobreza" (De la imitación de Cristo y menosprecio del mundo. Tomás de Kempis Capítulo. IX)

5/8/11

La Dictadura

Bajo la retórica psicológica que alude a depresivos u optimistas, a realistas fríos o a soñadores de ideas, aparecen voces que reconocen ya el estado de excepción como situación determinante de la realidad política, y buscan al dictador capaz de hacer frente a la agresión y de reordenar el estado de cosas. Ayer mismo, la derecha, hasta antes de ayer  liberal, abominaba ya del parlamentarismo y buscaba una correción presidencialista [El gato al agua. Radio intereconomía. 4.08.11]. Hoy mismo se busca al político suicida "que de un paso al frente". Todo ello envuelto en la púdica jerga psicológica que se delata en los ejemplos - A.Lincoln o W. Churchill... -  unidos a conflcitos bélicos de primera magnitud. Si ese paso al frente supone un suicidio no aparecerá el dictador, pero alguien habrá de darlo cuando la solicitud de su presencia resulte un clamor. La aclamación sustituye al voto en el estado de excepción. Las ideas de Carl Schmitt o de E. Niekisch - entre otros - acerca de los límites del parlamentarismo, vuelven a cobrar vigor. Por su parte, el anciano Carrillo ve florecer viejas revoluciones.
Si por acaso el marasmo presente es superado por medios incruentos, aunque habrán de ser necesariamente dolorosos, no deberíamos engañarnos sobre el escondido rostro del mundo que aflora hoy, bajo la balumba de badulaque de nuestras necesidades y estándares de consumo. La revolución que se aguarda no debiera conducirnos a ningún futuro, ni entregarnos a más progreso. No habría que burlarse de las demandas de recomposición espiritual del hombre, no del hombre nuevo, no del hombre de mañana, sino del hombre eterno. Pero a mí no me cabe, al respecto, ninguna esperanza. 

4/8/11

Perros del mar.

No es fácil ponerle nombre al trasunto actual del viejo Barbanegra, del Olonés, o del mismísimo Francisco Draque, tan honorable y digno de respeto que mereció el título de Sir: Sir Francis Drake. Pero, corsarios o piratas, el gran océano mundial del mercado, el gran charco del mundo, está infestado de perros del mar.
Por un parte, el gran acreedor global es la actual fábrica del mundo, por utilizar el viejo título ostentado originalmente por Inglaterra. China es el primer acreedor de los Estados Unidos de América y, por lo que a España respecta, varias veces parece haber evitado el colapso financiero comprando deuda del Estado. El medio lo constituyen los llamados "fondos soberanos" que satisfacen países ricos en fuentes de energía o materias primas, o bien países con superavit fiscal, dispuestos a invertir en la compra de deuda - pública o privada -. A China se suman aquí otros países financieramente saneados.
En atención a la tesis que defiende la substancial inseparabilidad  de política y economía, de Estado y Mercado, parece que - contra la pretendida evidencia de un mercado autorregulado - está produciéndose el tránsito a un nuevo orden político mundial, que no parece prescindir de las unidades políticas clásicas, los Estados Nacionales, aunque los reordena y, en algunos casos, promueve su articulación en alianzas que suponen síntesis relativas: uniones comerciales, federaciones, afictionías... Tampoco prescinde, sino que adelanta a posiciones de vanguardia, al efectivo protagonismo, a las viejas unidades imperiales. Y el proceso sigue pese a la ficción que pretende que la acción política se reduce a su función moderna de gestión y reequilibrio del sistema de producción, distribución y consumo, es decir, de gestión económica.
Pero, por otra parte, ayunos de todo componente histórico metapolítico, el proceso de la modernidad - la extensión de Europa ahora ya sin Europa - sigue su curso. Si China como unidad política arcaica deviene primer acreedor mundial, por otra parte estamos ante un grado extremo de democracia económica. Es que, en efecto, ahora resulta ser la "inversión colectiva" de grandes masas de pequeños inversores la que satisface unos fondos que oscilarían en torno a los 18 o 20 billones de euros. Resulta, asimismo, que en estos fondos los inversores anglosajones son ampliamente mayoritarios. La mayor, pero sólo una de estas gestoras de fondos, dispone de activos que multiplican varias veces el producto interior bruto español. A estos fondos de inversión se suman enormes "fondos de pensiones", derivados del esfuerzo de ahorro de millones de individuos que esperan disfrutar de una cómoda jubilación, y que por lo pronto satisfacen unos 14 billones de euros. Por último, también el capital acumulado en "fondos de riesgo" es de procedencia anglosajona y su riesgo derivaría del hecho de que manejan sus fondos - de hecho menores que los ya citados - enteramente al margen de cualquier consideración a otra norma que el gran mantra del mercado: optimización de beneficio, reducción de coste... Mucho cuello para tan poca soga.

2/8/11

Privateering or Piracy: En la Era de la Privatización.

Es indudable que padezco una sencillez malsana, una ingenuidad que raya en la estupidez, pero no me es posible desprenderme de semejante candor. Sin duda hay algo que no entiendo, será mucho y muy importante, pero por no verlo no puedo determinar el abismo de mi ignorancia. 
Días atrás me sublevaba la fórmula "deuda soberana", hoy me asombra el tierno desconcierto con el que los economistas contemplan la tormenta financiera. La insistencia de los inefables mercados por, al parecer, atacar a unos u otros países que, sin embargo, están cumpliendo las exigencias de las potentes instancias de gobierno o de gestión económica. Un benemérito analista señala que "roza el absurdo" un ataque tal, justamente cuando "España se está acercando al cumplimiento de las medidas exigidas por los organismos internacionales". 
Estos inversores pueden ignorar el cumplimiento de cualquier exigencia porque la única norma que orienta su acción es la que busca el continuo incremento del beneficio, entendido - naturalmente - en términos económico cuantitativos, en términos de capital. La única cuestión a dilucidar es la de si estos inversores están o no subordinados a determinantes históricos o políticos o actúan más allá de estas determinaciones clásicas. En el primer caso el ataque, como todo ataque, pide una defensa que puede ser un contraataque o una rendición; en el segundo nos encontraríamos ante todopoderosos piratas. Éste ha de ser el caso porque se nos recomienda hacia ellos un trato exquisito: "En palabras del gobernador del Banco de España, Miguel Fernández Ordóñez, en realidad son "solo personas" a las que hay que escuchar cuando tienen razón, pero en caso de que se equivoquen, más que atacarlos es mejor tratar de convencerles con datos y razones objetivas."
Corsarios (Privateer) o piratas (Pirate) la diferencia es poca cuando se trata de razón de guerra. Hace un siglo una situación de reordenación mundial análoga, aunque a menor escala, no escondía el anclaje nacional e imperial de los contrincantes y desembocó en la noche de los tiempos que se extiende entre 1914 y 1945. Hoy estos Sres inversores, capaces de comprar los bonos de cuya colocación parece que dependemos, pretenden haberse deshecho de todo referente histórico, actúan en el limbo sin historia del más abstracto mercado financiero y su único ortograma es el egoiforme incremento de beneficio. Acaso esconden, tras su inimaginable abstracción, un resto de realidad histórica y sirven al sostenimiento del último emperador. Acaso no, y como piratas, en el sentido más estricto, no sólo no deberíamos someternos a su extorsión, sino tratar de medir con la soga el diámetro de su cuello. Desde luego, esta última determinación pide la mayor precaución ante la naturaleza y magnitud del enemigo.Cierto que el mercado no tiene cuello ni hay soga que lo estreche. Pero, dentro de mi ingenuidad, no he alcanzado todavía el delirio idealista extremo que admite voluntades sin cuerpo. Al margen de cualquier otra consideración sería bueno llamar por su nombre al que nos ataca y no olvidar - pese a tantos años en el limbo posthistórico - que siempre mereció el honroso título de enemigo.
Salud.

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