30/11/10

Anatomía de superficie

La modernidad, como exclusivo campo histórico de su análisis, convierte al sociólogo en un anatomista de superficie. Sobre la superficie casi inmediata de la modernidad su intervención no alcanza la profundidad serena de la historia.Sus explicaciones son siempre cortas de vista por limitadas en su regreso a la cota intrascendente del tiempo nuevo. Sin duda es preciso progresar al presente, pero para ello hay que haberse alejado lo suficiente. Acaso su vínculo con el ensayo revolucionario de re-fundación del orden antropológico, orientado a la producción del hombre nuevo, sitúe a la sociología en el horizonte de la modernidad. Cuando los siglos transcurran la densidad histórica dotará de profundidad a la "mirada sociológica", a la vez que desmentirá de hecho su presunta potencia generadora de un presente sin historia.
En particular cuando contempla realidades abisales (las instituciones de parentesco y, en especial, la familia) su luminosa superficialidad es deslumbrante.

"Podemos preguntarnos acerca de las motivaciones para el matrimonio y las motivaciones para tener hijos. La búsqueda de la felicidad es motor fundamental del comportamiento contemporáneo y de las decisiones acerca del matrimonio. Lo novedoso no es esa búsqueda de la felicidad sino la legitimación de la misma.Frente a los principios de sacrificio y entrega, que estaban presentes en la idea tradicional de la familia, surge, cada vez con más fuerza y mayor legitimación, el derecho individual a la felicidad que atempera el sentido del deber. Frente a la idea del matrimonio vitalicio, sin excusa para escapar del mismo, se legitima el egoísmo individual con la renovación constante del acuerdo interpersonal. Ello introduce una mayor fuerza en los lazos internos de la pareja y es, a la vez, la clave de su vulnerabilidad. Por otra parte, los hijos ya no son un regalo o una fatalidad del destino sino el fruto de una decisión consciente de los padres. Tanto para aquellos que deciden tenerlos o no tenerlos,  como para los que, no teniéndolos espontáneamente, se someten a tratamientos para llegar a engendrarlos, los hijos son cada vez más una elección. El resultado más evidente es que son menos y están mejor atendidos; el más profundo es que se desean y por ello son un valor distinto, una expresión de los padres, algo en lo que éstos se juegan más y se exponen en mayor grado. Los hijos son una proyección de los padres en mucha mayor medida que cuando su nacimiento era resultado del azar y no de una decisión consciente del hombre y de la mujer. De este cambio y de las nuevas relaciones interpersonales que implica se deriva que la familia es cada vez más una unidad emocional" (Inés Alberdi)

El único medio real de demolición ideológica, que consiste en el choque de ideologías opuestas, no está al alcance de un enfoque expresamente limitado al tiempo presente, cuya homogeneidad ideológica induce una estúpida certidumbre y conciencia errada de verdad. Puede, así, discurrirse de modo solemne, con una reverberante claridad, sin vislumbrar ni un instante la insana sombra del fondo del mundo.

22/11/10

Campesinos/2

El capital acumulado inicialmente a partir de la expropiación de bienes eclesiásticos, con ocasión de las reformas, parece haber sido el primer alimento del Leviatán. Pero la institución del Estado - ya bajo la forma inicial del absolutismo político - formaliza la exacción, el latrocinio y el robo. Y esto no sólo ni principalmente sobre magnates y príncipes de una nobleza crecientemente asimilada o extinguida, sino sobre unos campesinos numerosos, duros y reacios: auténtica raíz de la resistencia. La comunidad está ligada al campesinado pre-industrial y es difícil creer que pudiera concebirse alguna forma de cercanía comunitaria contando con los medios de la industria. Parece que definitivamente Estado y Mercado - facies de la Sociedad, que es, a su vez, la forma de agregación de los nuevos ciudadanos-consumidores - han destruido una comunidad anclada en la tradición campesina.

"Habitualmente son las presiones hostiles ejercidas sobre la economía de subsistencia (impuestos abusivos, endeudamiento crónico, privatizaciones de recursos comunales, disolución de obligaciones patrimoniales etc...) y no la emergencia de oportunidades de acumulación, las que originaron la conversión de los campesinos a los cultivos comerciales y de expropiación" (Mike Davis. 2003)

Y aunque en general quien, como Mike Davis, señala en la dirección adecuada, carece, sin embargo, de la suficiente sutileza porque:1. ni la tradición conoce una economía de estricta subsistencia, 2. ni - en ese contexto - podría concebirse un impuesto que no fuera abusivo, 3. ni - por la misma razón - puede llamarse privatización a la muy civil rapiña  urbana de las enclosures, 4. ni la disolución de obligaciones patrimoniales puede legitimarse de ningún modo, por la simple razón  de que atentan contra el fundamento de la única autoridad, fuente de legitimidad. 5. Por último, la idea de una "emergencia de oportunidades de acumulación" ya está dada en un contexto abstractamente económico que parece olvidar que la tradición es siempre acumulativa y, por tanto, delicada fuente de bienes (no meramente económicos).

19/11/10

Campesinos

I.
"Las partes componentes de una familia son las existencias humanas y los bienes y efectos móviles o inmuebles. Y así como la familia no es una excepción a la regla de que la naturaleza de una cosa debe primeramente ser estudiada en su más escueta y simple forma, seguiremos a Hesíodo y comenzaremos por sentar este postulado:
Se necesita primero la casa y la finca, y una mujer; un robusto buey de labranza, para la tierra.
Porque el lugar tiene la precedencia entre nuestras necesidades físicas, y la mujer la tiene entre nuestros compañeros libres. Por esta razón uno de los cometidos del arte de la administración doméstica es el de establecer un orden en las relaciones mutuas entre el hombre y la mujer; en otras palabras: procurar que ello sea lo que debe ser.
De entre las ocupaciones que se dirigen a atender nuestras posesiones y bienes muebles, vienen en primer lugar las que son naturales. Entre esas ocupaciones, la precedencia corresponde a cualquiera que vaya dirigida al cultivo de la tierra; aquellas que, como la minería, van dirigidas a extraer la riqueza de su seno, ocupan el segundo lugar. La agricultura es la más honesta de todas estas ocupaciones; supuesto que la riqueza que ella produce no deriva de otros hombres. En esto se distingue del comercio y de los empleos asalariados, que adquieren la riqueza de otros por medio de su consentimiento; y de la guerra, que la saca por la fuerza y sujeción. Eso es también una ocupación natural, porque, por convenio de la naturaleza, todas las criaturas reciben el sostenimiento de sus madres, y el género humano, como los demás, lo recibe de su madre común, la tierra.
Además de todo eso, la agricultura contribuye notablemente a la formación del carácter verdaderamente viril, porque, contrariamente a las artes mecánicas, no estropea ni debilita los cuerpos de los que se dedican a ello, sino que los habitúa a la vida al aire libre y al trabajo y los vigoriza de cara a los peligros de la guerra. Porque las posesiones de los agricultores y granjeros, contrariamente a las de los demás hombres, están fuera de las defensas de la ciudad." [Aristóteles, Obras. Aguilar 1973 p. 1378.]

 II.
"La ley de orientación agrícola de 1960 planifica la "eliminación" de los "viejos", es decir, de los "campesinos tradicionales" de la agricultura, al instaurar una renta vitalicia de jubilación. Fue así como entre 1963 y 1968 un tercio de la superficie agrícola francesa fue liberada. La Mutualidad Social Agrícola creó clubes de la tercera edad. Pero como algunos "viejos" intentaban mantener su impronta en la explotación, se implantó una nueva legislación del trabajo y cambios en las modalidades de sucesión para debilitar su poder. La instauración de un salario mínimo agrícola garantizado (1950 y 1970), del permiso de maternidad y del estatus de "asociado de explotación", que asegura una remuneración y posibilidades de formación para los jóvenes que trabajan con sus padres, modificaron de forma duradera las relaciones de trabajo en el seno de la familia. En consecuencia, las esposas de agricultores reivindicaron un estatus, lo que reforzaba la aparición de nuevas relaciones de producción dentro del núcleo familiar.En el ámbito de las sucesiones, por una modificación de la ley de sucesión, específica para la agricultura, la función patrimonial se desgaja de la función de empresa. De paso, notemos que la obligación para aquel que permanece en las tierras de indeminzar a los que tengan derechos sobre ellas, es un medio de drenar la riqueza agrícola hacia otros sectores de la economía. La instalación reemplazó a la sucesión, la competencia sobrepasó a la experiencia. La puerta se abrió a la explotación agrícola moderna, liberada de las cadenas familiares. Una situación que resume Alice Barthez:
"Los jóvenes que se expresan en términos de instalación en lugar de sucesión rechazan la dominación por edad y por experiencia, denuncian el trabajo gratuito que resulta de las relaciones familiares, y consideran el igualitarismo familiar como una desigualdad social. Por ello se vuelcan al intercambio de mercado, a la producción contra la reproducción y la herencia, a la tecnología salida de la ciencia, contra las técnicas transmitidas por la experiencia paterna. Se afirman como autónomos en referencia a una dependencia familiar que reprueban como un impedimento al desarrollo de su capacidad de producir" (Alice Barthez. Famille, travail et agriculture. Economica. París, 1982, p. 177)"
[Silvia Pérez-Vitoria. El retorno de los campesinos. Icaria.2010]

18/11/10

Comunidad o Sociedad: el "modo de conducir la vida".

La cuestión que aborda Löwith, a propósito de Weber, debiera tratarse en última instancia no como "modo de conducir la vida", sino como modo de "compartir la vida". Su expresión deriva de su tácita posición individualista substancial, aunque se pretende metodológica.Valga, por lo demás.
"La forma de la economía no es ni un fluido inmediato salido de una creencia determinada, ni ésta es un fluido "emanantista" de una economía "substancial", sino que ambas se dan forma, "racionalmente", sobre la base de una racionalidad universal del modo de conducir la vida.
Por el contrario, el capitalismo como tal, en su significado preeminentemente económico, es poco interpretable como el origen autónomo de la racionalidad. Más aún, una racionalidad de la conducción de la vida - en su origen, religiosamente motivada - es la que ha dejado también que el capitalismo, en un sentido económico, se erija en un poder dominante de la vida. Donde, por el contrario, la tendencia "hacia maneras determinadas de conducción de la vida práctico-racionales" estuvo ausente, "ahí chocó el desarrollo de una conducción de la vida, también económicamente racional, con fuertes resistencias internas". Los poderes religiosos y las "representaciones éticas del deber", ancladas en la creencia en ellos, pertenecieron en el pasado - en una "medida hoy casi incomprensible para nosotros" - a los elementos formadores de la conducción de la vida" (K. Löwith)

17/11/10

Sobre la línea.

La lectura de Comte, a dos siglos de distancia, nos sitúa al límite, que se encuentra, una vez  más, en nuestro fuero interno. Evoco el parágrafo 22 y último del escrito de Jünger Sobre la línea, palabras que llegan una vez más por mediación de J. B. Fuentes, quien las cita en su octavo capítulo.
"El reproche de nihilismo se cuenta hoy entre los más populares, y todos los dirigen con placer a su enemigo. Es probable que todos tengan razón. Deberíamos pues cargar con el reproche y no detenernos con aquellos que sin descanso están a la búsqueda de culpables. Quien menos conoce la época es quien no ha experimentado en sí el increíble poder de la Nada y no sucumbió a la tentación. El propio pecho: esto es, como antiguamente en la Tebaida, el centro del mundo de los desiertos y las ruinas. Aquí está la caverna ante la que se agolpan los demonios. Aquí está cada uno, da igual de qué clase y rango, en lucha inmediata y soberana, y con su victoria se cambia el mundo. Si él es aquí más fuerte, entonces retrocederá en sí la Nada. Dejará en la orilla de la playa los tesoros que estaban sumergidos. Ellos compensarán los sacrificios"

14/11/10

Comte

Magnífico todavía Augusto Comte, hegemónico a través del liberal-positivismo de nuestros días. Sólo hay que lamentar que se le lea tan poco. En ocasiones se encuentran en su obra, y en expresión sintética, auténticos deslumbramientos. Por ejemplo, en referencia a los dos inconvenientes morales de la ciencia: "hinchar y secar, esto es, fomentar el orgullo y desviar el amor".

2/11/10

Individuo / Persona

Perdido en la oposición interior/exterior, A. Comte no encuentra modo de armonizar un individuo y una sociedad, de suyo inconciliables. Su ensayo de pensar semejante articulación, bajo la forma de su Religión Universal, no puede resultar eficaz. En efecto, sólo puede comprenderse adecuadamente en términos de las relaciones de proximidad y distancia envueltas en la tradicional vinculación entre persona y comunidad, condición de auténtica religiosidad. Pero no cabe duda de que Comte ha visto con claridad el feo rostro de la sociabilidad moderna, precisamente en sus obras postreras, aquellas en que la cuestión por la religión resulta acuciante. Son numerosas las descripciones del abismo moderno; algunas magníficas por su concisión, homo homini lupus, otras lo son por su abundancia. Las descripciones  involuntarias que Comte hace de la modernidad destacan por su precisión técnica:

"EL SACERDOTE. Acabáis de plantear, hija mía, el principal de los problemas humanos, el cual consiste, en efecto, en hacer gradualmente prevalecer la sociabilidad sobre la personalidad (1), aunque esta sea espontáneamente preponderante. Para comprender mejor la posibilidad de conseguirlo, es preciso ante todo comparar los dos modos opuestos que lleva consigo, naturalmente, la unidad moral, según que su base inferior sea egoísta o altruísta.
Las expresiones múltiples que acabáis de emplear con respecto a la personalidad, dan testimonio involuntariamente de su impotencia radical para constituir una armonía real y permanente, aun en un ser aislado. Como que esa unidad monstruosa no exigiría solamente la ausencia de todo impulso simpático, sino también la preponderancia de un solo egoismo. Pues bien, eso no existe más que en los últimos animales, en que todo se refiere al instinto nutritivo, sobre todo cuando los sexos no están separados. Pero en todos los demás, y principalmente en nuestra especie, la satisfacción de esa necesidad fundamental deja que prevalezcan sucesivamente varias otras tendencias personales, cuyas energías, siendo casi iguales, anularían sus pretensiones opuestas a dominar el conjunto de la existencia moral. Si no se subordinaran todos a los afectos externos, el corazón estaría constantemente agitado por conflictos íntimos entre los impulsos sensuales y los estímulos del orgullo, la vanidad etc.; cuando la concupiscencia propiamente dicha cesara de reinar con las necesidades puramente corporales. Así, la unidad moral sigue siendo imposible, aun en la existencia solitaria, para todo ser dominado exclusivamente por afectos personales que le impidan vivir para los demás. Tal sucede con algunas fieras que, salvo en circunstancias pasajeras, flotan ordinariamente entre una actividad desordenada y una postración innoble, por no tener fuera de sí los principales móviles de su conducta" (Catecismo positivista)

(1) Entiende Comte por personalidad lo que se designa a veces con las palabras individualismo y egoísmo (NT)